Alas Rotas Gibrán Khalil Gibrán

 

Título:    Alas Rotas

Autor:    Gibrán Khalil Gibrán   

Categoria:    Literatura

Idioma:    Español

Alas Rotas Gibrán Khalil Gibrán


GIBRÁN KHALIL GIBRÁN
ALAS ROTAS (1912)

PREFACIO

Tenía yo dieciocho años de edad cuando el amor me abrió los ojos con sus mágicos rayos y
tocó mi espíritu por vez primera con sus dedos de hada, y Selma Karamy fu e la primera mujer
que despertó mi espíritu con su belleza y me llevó al jardín de su hondo afecto, donde los días
pasan como sueños y las noches como bodas.
Selma Karamy fue la que me enseñó a rendir culto a la belleza con el ejemplo de su propia
hermosura y la que, con su cariño, me reveló el secreto del amor; fue ella la que cantó por vez
primera, para mí, la poesía de la vida verdadera.
Todo joven recuerda su primer amor y trata de volver a poseer esa extraña hora, cuyo recuerdo
transforma sus más hondos sentimientos y le da tan inefable felicidad, a pesar de toda la
amargura de su misterio.
En la vida de todo joven hay una "Selma", que súbitamente se le aparece en la primavera de la
vida, que transforma su soledad en momentos felices, y que llena el sil encio de sus noches con
música.
Por aquella época estaba yo absorto en profundos pensamientos y contemplaciones, y trataba
de entender el significado de la naturaleza y la revelación de los libros y de las Escrituras,
cuando oí al Amor susurrando en mis oí dos a través de los labios de Selma. Mi vida era un
estado de coma, vacía como la de Adán en el Paraíso, cuando vi a Selma en pie, ante mí, como
una columna. de luz. Era la Eva de mi corazón, que lo llenó de secretos y maravillas, y que me
hizo comprender el significado de la vida.
La primera Eva, por su propia voluntad, hizo que Adán saliera del Paraíso, mientras que Selma,
involuntariamente, me hizo entrar en el Paraíso del amor puro y de la virtud, con su dulzura y su
amor; pero lo que ocurrió al primer hombre también me sucedió a mí, y. la espada de fuego que
expulsó a Adán del Paraíso fue la misma que atemorizó con su filo resplandeciente y me obligó a
apartarme del paraíso de mi amor, sin haber desobedecido ningún mandato, y sin haber probado el
fruto del árbol prohibido.
Hoy, después de haber transcurrido muchos años, no me queda de aquel hermoso sueño sino un
cúmulo de dolorosos recuerdos que aletean con alas invisibles en torno
mío, que llenan de tristeza las profundidades de mi corazón, y que llevan lágrimas a mis ojos; y mi
bien amada, la hermosa Selma, ha muerto, y nada queda de ella para preservar su memoria, sino mi
roto corazón, y una tumba rodeada de cipreses. Esa tumba y este corazón son todo lo que ha quedado
para dar testimonio de Selma.
El silencio que custodia la tumba no revela el secreto de Dios, oculto en la oscuridad del ataúd, y el
crujido de las ramas cuyas raíces absorben los elementos del cuerpo no des cifran los misterios de la
tumba, pero los suspiros de dolor de mi corazón anuncian a los vivientes el drama que han
representado el amor, la belleza y la muerte.
¡Oh amigos de mi juventud, que estáis dispersos en la ciudad de Beirut!: cuando paséis por ese
cementerio, junto al bosque de pinos, entrad en él silenciosamente, y caminad despacio, para que el
ruido de vuestros pasos no, turbe el tranquilo sueño de los muertos, y deteneos humildemente ante la
tumba de Selma; reverenciad la tierra que cubre su cuerpo y decid mi nombre en un hondo suspiro, al
tiempo que decís internamente estas palabras:
"Aquí, todas las esperanzas de Gibrán, que vive como prisionero del amor más allá de los mares;
todas sus esperanzas, fueron enterradas. En este sitio perdió Gibrán su felicidad, vertió todas sus
lágrimas, y olvidó su sonrisa.

"Junto a esa tumba crece la tristeza de Gibrán, al mismo tiempo que los cipreses, y sobre la tumba
su espíritu arde todas las noches como una lámpara votiva consagrada a Selma, y entona a coro con
las ramas de los árboles un triste lamento, en lastimero duelo por la partida de Selma, que ayer,
apenas ayer, era un hermoso canto en los labios de la Vida, y que hoy es un silente secreto en el seno
de la tierra."
¡Oh camaradas de mi juventud! Os conjuro, en nombre de aquellas vírgenes que vuestros corazones
han amado, a que coloquéis una guirnalda de flores en la desamparada
Tumba de mi bien amada, pues las flores que coloquéis sobre la tumba de Selma serán como gotas
de rocío desprendidas de los ojos de la aurora, para refrescarlos pétalos de una rosa que se marchita.
Alas Rotas	Gibrán Khalil Gibrán



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