Hipias Menor Platon

 Título:    Hipias Menor

Autor:    Platão   

Categoria:    Filosofia

Idioma:    Español



Hipias Menor Platão



Platón
HIPIAS MENOR
INTRODUCCIÓN

Aunque el estilo de Platón es evidente en todo el diálogo, no cabe duda

de que la estructura, el planteamiento y la argumentación siguen el es-
quema socrático. No obstante, en ningún otro diálogo la discusión ha

sido llevada al absurdo hasta el punto que lo ha sido aquí. Quizá la poca

apreciación que Platón sentía por Hipias le indujera a mostrar la debili-
dad con que el sofista podía abordar una discusión razonada. Aun así,

no deja de ser un problema el desvío de la lógica con el que procede el
desarrollo del diálogo.

Parece evidente que Hipias gozaba de consideración entre sus contem-
poráneos. Las mismas referencias platónicas que le suelen poner en ri-
dículo por su vanidad dejan ver, sin embargo, la imagen de un hombre

altamente interesado en adquirir conocimientos y esforzándose en ello.
Lo que sin duda no poseía, como vemos también en otras ocasiones, era

una escala de valores a la que sujetarse para la adquisición de estos co-
nocimientos.

El diálogo se abre, sin fijar en qué lugar concreto se produce y sin nin-
guna orientación de tipo temporal, tras una conferencia (llamémo slo

así) que acaba de pronunciar Hipias. Ha hablado acerca de Homero. Al

terminar, el público se ha ido ausentando y quedan rezagados unos po-
cos, a los que naturalmente se les supone más interesados en el t ema.

Invitado Sócrates por Éudico, el discípulo ateniense de Hipias, a hacer-
le preguntas a éste, da principio el diálogo. Pero, antes de entrar en ma-
teria, el sofista da muestra de su vanidad, asunto sobre el que se va a in-
sistir posteriormente con frecuencia hasta llegar a las manifest aciones

de omnisa piencia y autosuficiencia de 368b-c.
La discusión se centra en saber a quién ha hecho mejor Homero, a

Aquiles o a Odiseo. Pero como no se distingue entre «mejor», en senti-
do moral, de otras acepciones de la palabra «mejor», la discusión se ex-
trema en una falta de lógica que Hipias no llega a captar. El diálogo

termina sin haber encontrado una salida adecuada. Sin embargo, sí que

hay una dura crítica al modo de saber del sofista. Es incapaz de encon-
trar una solución a un problema aparentemente sencillo. Sócrates dice

que tampoco él puede admitir la conclusión a la que han abocado los
razonamientos, que él unas veces se inclina a una part e y otras, a otra.

Pero es natural, dice, que así le suceda a él o a cualquier hombre inex-
perto. Lo grave es que los sabios vacilen igualmente y no encuentren

solución. Todo este tipo de diálogos en que se busca una definición sin

alcanzar un fin envuelven, en el fondo, la misma crítica a la incapa-
cidad de la sofistica para desvelar y definir un concepto en un tema da-
do, aunque en este caso se añade también el problema del intelectua-
lismo ético de Sócrates.

Es frecuente, en los diálogos platónicos en que aparecen sofistas dest a-
cados, caracterizar a éstos por su actividad más determinante y, en oca-
siones y aislada mente, por la imitación de su estilo. En el Hipias Me-
nor esta ambientación es doble, puesto que el diálogo desarrolla, en

principio, un tema preferido por Hipias y, además, se produce precisa-
mente a consecuencia de que él acaba de tratar públicamente sobre el

carácter de algunos personajes homéricos. La actividad de Hi pias en los

más diferentes campos del saber, consecuencia de su connatural incli-
nación a saber de todo antes que a conocer algo bien, no debe oscurecer

la realidad de que, con el estudio de los personajes literarios, comenza-
ba una actividad intelectual nueva cuyo encauzamiento por vías más

seguras tardaría poco en llegar. En ellas estaban en germen los comien-
zos de la historia de la literatura. No es Hipias el único sofista que se ha

ocupado de estos temas, pero quizá lo ha hecho con mayor insistencia.
Si el diálogo se presenta como un deseo de Sócrates de aclarar algunos
puntos que dice no haber comprendido bien durante la exposición de
Hipias, lo cierto es que esto sólo es un pretexto para llevar la discusión

a un campo muy distinto del de las ingenuas manifestaciones que el so-
fista hubiera podido expresar. Una afirmación de Hipias admitida por

todo el mundo es negada por Sócrates, primero en el mismo campo en
el que Hipias trataba estos temas, es decir, aportando un texto del que

se pueda inferir lo contrario. Pero a continuación se entra en una discu-
sión que ya nada tiene que ver con textos ni personajes literarios. Tras

una serie de razonamientos queda sentado que aquel que técnicamente
es capaz de hacer bien una cosa es, sin duda, el más capacitado para
hacerla mal, pues sólo él, si quiere hacerla mal, la hará mal sin error, a
diferencia del inexperto que por casualidad podría hacerla bien alguna
vez. Extrapolando este razonamiento al ámbito moral se llegará a decir,

en 376b, que «...es propio del hombre bueno cometer injusticia volunta-
riamente y del malo, hacerlo invoIun tariamente». Aunque, como ya se

ha dicho, tampoco Sócrates admite esta conclusión, no lo admite más
que por intuición, ya que los razonamientos, único apoyo de Sócrates
en la búsqueda de la verdad, le han llevado a esa conclusión. Ésa es la

aporía del diálogo: lo que los razonamientos han demostrado no lo pue-
de admitir una consideración objetiva de puro sentido común. Platón se

debate aquí todavía en los problemas del pensamiento socrático. Se
mezclan los ámbitos del conocimiento y la moral y prevalece el espíritu
dialéctico.

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