La Barraca | Vicente Blasco Ibáñez | Lea en Linea

 Título:    La Barraca

Autor:    Vicente Blasco Ibáñez   

Categoria:    Literatura

Idioma:    Espanhol

La Barraca Vicente Blasco Ibáñez




Al Lector
He contado en el prólogo de otro libro mío cómo a mediados de 1895 tuve que huir de Valencia, después de una manifestación contra la guerra colonial, que degeneró en movimiento sedicioso, dando origen a un choque de los manifestantes con la fuerza pública.
Perseguido por la autoridad militar como presunto autor de este suceso, viví escondido algunos días, cambiando varias veces de refugio, mientras mis amigos me preparaban el embarco secreto en un vapor que iba a zarpar para Italia.

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Uno de mis alojamientos fué en los altos de un despacho de vinos situado cerca del puerto, propiedad de un joven republicano, que vivía con su madre.
Durante cuatro días permanecí metido en un entresuelo de techo bajo, sin poder asomarme a las ventanas que daban a la calle, por ser ésta de gran tránsito y andar la Policía y la Guardia Civil buscándome en la ciudad y sus alrededores.
Obligado a permanecer en una habitación interior, completamente solo, leí todos los libros que poseía el tabernero, los cuales no eran muchos ni dignos de interés. Luego, para distraerme, quise escribir, y tuve que emplear los escasos medios que el dueño de la casa pudo poner a mi disposición: una botellita de tinta violeta a guisa de tintero, un portaplumas rojo, como los que se usan en las escuelas, y tres cuadernillos de papel de cartas rayado de azul.

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Así, escribí en dos tardes un cuento de la huerta valenciana, al que puse por título Venganza moruna. Era la historia de unos campos forzosamente yermos, que vi muchas veces, siendo niño, en los alrededores de Valencia, por la parte del cementerio; campos utilizados hace años como solares para la expansión urbana; el relato de una lucha entre labriegos y
propietarios, que tuvo por origen un suceso trágico y abundó luego en conflictos y violencias.
Cuando llegó la hora de mi embarco, en plena noche, disfrazado de marinero, dejé en la taberna todos mis objetos de uso personal y el pequeño fajo de hojas escritas por ambas caras.
Vagué tres meses por Italia, volví a España, y un Consejo de guerra me condenó a varios años de presidio. Estuve encerrado más de doce meses, sufriendo los rigores de una severidad intencionada y cruel. Al ser conmutada mi pena, me desterraron a Madrid, sin duda para tenerme el Gobierno de entonces más al alcance de su vigilancia; y, finalmente, el pueblo de Valencia me eligió diputado, librándome así de nuevas persecuciones, gracias a la inmunidad parlamentaria.

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Mi campaña electoral consistió principalmente en discursos pronunciados al aire libre, ante muchedumbres enormes. Una tarde, después de hablar a los marineros y cargadores del puerto, cuando, terminado mi discurso, tuve que responder a los apretones de manos y los saludos de miles de oyentes, reconocí entre éstos al joven que me escondió en su casa.
Tuve que acompañarle a la taberna para saludar a su madre y ver la pequeña habitación que me había servido de refugio.
Mientras estas buenas gentes recordaban, emocionadas, mi hospedaje en su vivienda, fueron sacando todos los objetos que yo había dejado olvidados.
Así, recobré el cuento Venganza moruna, volviendo a leerlo aquella noche, con el mismo interés que si lo hubiese escrito otro. Mi primera intención fué enviarlo a El Liberal, de Madrid, en el que colaboraba yo casi todas las semanas, publicando un cuento. Luego pensé en la conveniencia de ensanchar este relato, un poco seco y conciso, haciendo de él una novela, y escribí La barraca.
Dirigía yo entonces en Valencia el diario El Pueblo, y tal era la pobreza de este periódico de combate, que, por no poder pagar un redactor encargado del servicio telegráfico, tenía el director que trabajar hasta la madrugada, o sea hasta que, redactados los últimos telegramas y ajustado el diario en páginas, entraba, finalmente, en máquina. Sólo entonces, fatigado de
toda una noche de monótono trabajo periodístico, me era posible dedicarme a la labor creadora del novelista.

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Bajo la luz violácea del amanecer o al resplandor juvenil de un sol recién nacido fui escribiendo los diez capítulos de mi novela. Nunca he trabajado con tanto cansancio físico y un entusiasmo tan reconcentrado Y tenaz.
Al relato primitivo le quité su título de Venganza moruna, empleándolo luego en otro de mis cuentos. Me pareció mejor dar a la nueva novela su nombre actual: La barraca. Primeramente se publicó en el folletón de El Pueblo, pasando casi inadvertida.
Mis bravos amigos, los lectores del diario, sólo pensaban en el triunfo de la República, y no podían interesarles gran cosa unas luchas entre huertanos, rústicos personajes que ellos contemplaban de cerca a todas horas.
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La Barraca	Vicente Blasco Ibáñez


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