A Maria Mantilla José Martí

 Título:    A Maria Mantilla

Autor:    José Martí  

Categoria:    Literatura

Idioma:    Espanhol


A Maria Mantilla José Martí



A María Mantilla
José Martí


A mi María
Y mi hijita ¿qué hace, allá en el Norte, tan lejos? ¿Piensa en la verdad del mundo,
en saber, en querer, -en saber, para poder querer, -querer con la voluntad, y querer con
el cariño? ¿Se sienta, amorosa, junto a su madre triste? ¿Se prepara a la vida, al
trabajo virtuoso e independiente de la vida, para ser igual o superior a los que vengan
luego, cuando sea mujer, a hablarle de amores, -a llevársela a lo desconocido, o a la
desgracia, con el engaño de unas cuantas palabras simpáticas, o de una figura
simpática? ¿Piensa en el trabajo, libre y virtuoso, para que la deseen los hombres
buenos, para que la respeten los malos, y para no tener que vender la libertad de su
corazón y su hermosura por la mesa y por el vestido? Eso es lo que las mujeres
esclavas, -esclavas por su ignorancia y su incapacidad de valerse , -llaman en el mundo
"amor". Es grande, amor; pero no es eso. Yo amo a mi hijita. Quien no la ame así, no la
ama. Amor es delicadeza, esperanza fina, merecimiento y respeto. -¿En qué piensa mi
hijita? ¿Piensa en mí?
Aquí estoy, en Cabo Haitiano; cuando no debía estar aquí. Creí no tener miedo de
escribirte en mucho tiempo, y te estoy escribiendo. Hoy vuelvo a viajar, y te estoy otra
vez diciendo adiós. Cuando alguien me es bueno, y bueno a Cuba, le enseño tu retrato.
Mi anhelo es que vivan muy juntas su madre y ustedes, y que pases por la vida pura y
buena. Espérame, mientras sepas que yo viva. Conocerás el mundo, antes de darte a
él. Elévate, pensando y trabajando. ¿Quieres ver como pienso en ti, -en ti y en Carmita?
Todo me es razón de hablar de ti, el piano que oigo, el libro que veo, el periódico que
llega. Aquí te mando, en una hoja verde, el anuncio del periódico francés a que te
suscribió Dellundé. El Harper's Young People no lo leíste, pero no era culpa tuya, sino
del periódico, que traía cosas muy inventadas, que no se sienten ni se ven, y más
palabras de las precisas. Este Petit français es claro y útil. Leélo, y luego enseñarás.
Enseñar, es crecer. -Y por el correo te mando dos libros, y con ellos una tarea, que
harás, si me quieres; y no harás, si no me quieres. -Así, cuando esté en pena, sentiré
como una mano en el hombro, o como un cariño en la frente, o como las sonrisas con
que me entendías y consolabas;-y será que estás trabajando en la tarea, pensando en
mí. 
Un libro es L'Histoire Générale, un libro muy corto, donde está muy bien contada, y
en lenguaje fácil y limpio, toda la historia del mundo, desde los tiempos más viejos,
hasta lo que piensan e inventan hoy los hombres. Son 180 sus páginas: yo quiero que
tú traduzcas, en invierno o en verano, una página por día; pero traducida de modo que
la entiendas, y de que la puedan entender los demás, porque mi deseo es que este libro
de historia quede puesto por ti en buen español, de manera que se pueda imprimir,
como libro de vender, a la vez que te sirva, a Carmita y a ti, para entender, entero y
corto, el movimiento del mundo, y poderlo enseñar. Tendrás, pues, que traducir el texto
todo, con el resumen que va al fin de cada capítulo, y las preguntas que están al pie de
cada página; pero como éstas son para ayudar al que lee a recordar lo que ha leído; y
ayudar al maestro a preguntar, tú las traducirás de modo que al pie de cada página
escrita sólo vayan las preguntas que corresponden a esa página. El resumen lo
traduces al acabar cada capítulo. -La traducción ha de ser natural, para que parezca
como si el libro hubiese sido escrito en la lengua a que lo traduces, -que en eso se
conocen las buenas traducciones. En francés hay muchas palabras que no son
necesarias en español. Se dice, -tú sabes-il est, cuando no hay él ninguno, sino para
acompañar a es, porque en francés el verbo no va solo: y en español, la repetición de
esas palabras de persona, -del yo y él y nosotros y ellos,-delante del verbo, ni es
necesaria ni es graciosa. Es bueno que al mismo tiempo que traduzcas, -aunque no por
supuesto a la misma hora, -leas un libro escrito en castellano útil y sencillo, para que
tengas en el oído y en el pensamiento la lengua en que escribes. Yo no recuerdo, entre
los que tú puedes tener a mano, ningún libro escrito en este español simple y puro. Yo
quise escribir así en La Edad de Oro; para que los niños me entendiesen, y el lenguaje
tuviera sentido y música. Tal vez debas leer, mientras estés traduciendo, La Edad de
Oro. -El francés de "L'Histoire Générale" es conciso y directo, como yo quiero que sea
el castellano de tu traducción; de modo que debes imitarlo al traducir, y procurar usar
sus mismas palabras, excepto cuando el modo de decir francés, cuando la frase
francesa, sea diferente en castellano. -Tengo, por ejemplo, en la página 19, en el
párrafo nº 6, esta frase delante de mí: "Les Grecs ont les premiers cherché á se rendre
compte des choses du monde". -Por supuesto que no puedo traducir la frase así,
palabra por palabra:-"Los Griegos han los primeros buscado a darse cuenta de las
cosas del mundo", -porque eso no tiene sentido en español. Yo traduciría: "Los griegos
fueron los primeros que trataron de entender las cosas del mundo. " Si digo: "Los
griegos han tratado los primeros", diré mal, porque no es español eso. Si sigo diciendo
"de darse cuenta", digo mal también, porque eso tampoco es español. Ve, pues, el
cuidado con que hay que traducir, para que la traducción pueda entenderse y resulte
elegante, -y para que el libro no quede, como tantos libros traducidos, en la misma
lengua extraña en que estaba. -Y el libro te entretendrá, sobre todo cuando llegues a
los tiempos en que vivieron los personajes de que hablan los versos y las óperas. Es
imposible entender una ópera bien, -o la romanza de Hildegonda, por ejemplo, -si no se
conocen los sucesos de la historia que la ópera cuenta, y si no se sabe quién es
Hildegonda, y dónde y cuándo vivió, y qué hizo. -Tu música no es así, mi María; sino la
música que entiende y siente. -Estudia, mi María;-trabaja, -y espérame.
Y cuando tengas bien traducida L'Histoire Générale, en letra clara, a renglones
iguales y páginas de buen margen, nobles y limpias ¿cómo no habrá quien imprima;-y
venda para ti, venda para tu casa, -este texto claro y completo de la historia del hombre, 
mejor, y más atractivo y ameno, que todos los libros de enseñar historia que hay en
castellano? La página al día, pues: mi hijita querida. Aprende de mí. Tengo la vida a un
lado de la mesa, y la muerte a otro, y un pueblo a las espaldas:-y ve cuántas páginas te
escribo.
El otro libro es para leer y enseñar: es un libro de 300 páginas, ayudado de
dibujos, en que está, María mía, lo mejor-y todo lo cierto-de lo que se sabe de la
naturaleza ahora. Ya tú leíste, o Carmita leyó antes que tú, las Cartillas de Appleton.
Pues este libro es mucho mejor, -más corto, más alegre, más lleno, de lenguaje más
claro, escrito todo como que se lo ve. Lee el último capítulo. La Physiologie Végétale,-la
vida de las plantas, y verás qué historia tan poética y tan interesante. Yo la leo, y la
vuelvo a leer, y siempre me parece nueva. Leo pocos versos, porque casi todos son
artificiales o exagerados, y dicen en lengua forzada falsos sentimientos, o sentimientos
sin fuerza ni honradez, mal copiados de los que los sintieron de verdad. Donde yo
encuentro poesía mayor es en los libros de ciencia, en la vida del mundo, en el orden
del mundo, en el fondo del mar, en la verdad y música del árbol, y su fuerza y amores,
en lo alto del cielo, con sus familias de estrellas, -y en la unidad del universo, que
encierra tantas cosas diferentes, y es todo uno, y reposa en la luz de la noche del
trabajo productivo del día. Es hermoso, asomarse a un colgadizo, y ver vivir al mundo:
verlo nacer, crecer, cambiar, mejorar, y aprender en esa majestad continua el gusto de
la verdad, y el desdén de la riqueza y la soberbia a que se sacrifica, y lo sacrifica todo,
la gente inferior e inútil. Es como la elegancia, mi María, que está en el buen gusto, y no
en el costo. La elegancia del vestido, -la grande y verdadera, -está en la altivez y
fortaleza del alma. Un alma honrada, inteligente y libre, da al cuerpo más elegancia, y
más poderío a la mujer, que las modas más ricas de las tiendas. Mucha tienda, poca
alma. Quien tiene mucho adentro, necesita poco afuera. Quien lleva mucho afuera,
tiene poco adentro, y quiere disimular lo poco. Quien siente su belleza, la belleza
interior, no busca afuera belleza prestada: se sabe hermosa, y la belleza echa luz.
Procurará mostrarse alegre, y agradable a los ojos, porque es deber humano causar
placer en vez de pena, y quien conoce la belleza la respeta y cuida en los demás y en
sí. Pero no pondrá en un jarrón de China un jazmín: pondrá el jazmín, solo y ligero, en
un cristal de agua clara. Esa es la elegancia verdadera: que el vaso no sea más que la
flor. -Y esa naturalidad, y verdadero modo de vivir, con piedad para los vanos y
pomposos, se aprende con encanto en la historia de las criaturas de la tierra. -Lean tú y
Carmita el libro de Paul Bert: a los dos o tres meses; vuelvan a leerlo: léanlo otra vez, y
ténganlo cerca siempre, para una página u otra, en las horas perdidas. Así sí serán
maestras, contando esos cuentos verdaderos a sus discípulas, en vez de tanto
quebrado y tanto decimal, y tanto nombre inútil de cabo y de río, que se ha de enseñar
sobre el mapa como de casualidad, para ir a buscar el país de que se cuenta el cuento,
o donde vivió el hombre de que habla la historia. - Y cuentas, pocas, sobre la pizarra, y
no todos los días. Que las discípulas amen la escuela, y aprendan en ella cosas
agradables y útiles.
Porque ya yo las veo este invierno, a ti y a Carmita, sentadas en su escuela, de 9
a 1 del día, trabajando las dos a la vez, si las niñas son de edades desiguales, y hay
que hacer dos grupos, o trabajando una después de otra, con una clase igual para
todas. Tú podrías enseñar piano y lectura, y español tal vez, después de leerlo un poco 
más;-y Carmita una clase nueva de deletreo y composición a la vez, que sería la clase
de gramática, enseñada toda en las pizarras, al dictado, y luego escribiendo lo dictado
en el pizarrón, vigilando porque las niñas corrijan sus errores, -y una clase de geografía,
que fuese más geografía física que de nombres, enseñando como está hecha la tierra,
y lo que alrededor la ayuda a ser, y de la otra geografía, las grandes divisiones, y esas
bien, sin mucha menudencia, ni demasiados detalles yankees, -y una clase de ciencias,
que sería una conversación de Carmita, como un cuento de veras, en el orden en que
está el libro de Paul Bert, si puede entenderlo bien ya, y si no, en el que mejor pueda
idear, con lo que sabe de las cartillas, y la ayuda de lo que en Paul Bert entienda, y
astronomía. Para esa clase le ayudarían mucho un libro de Arabella Buckley, que se
llama "The Fairy-Land of Science", y los libros de John Lubbock, y sobre todo dos,
"Fruits, Flowers and Leaves" y "Ants, Bees and Wasps". Imagínate a Carmita contando
a las niñas las amistades de las abejas y las flores, y las coqueterías de la flor con la
abeja, y la inteligencia de las hojas, que duermen y quieren y se defienden, y las visitas
y los viajes de las estrellas, y las casas de las hormigas. Libros pocos, y continuo
hablar. -Para historia, tal vez sean aún muy nuevas las niñas. Y el viernes, una clase de
muñecas, -de cortar y coser trajes para muñecas, y repaso de música, y clase larga de
escritura, y una clase de dibujo. -Principien con dos, con tres, con cuatro niñas. Las
demás vendrán. En cuanto sepan de esa escuela alegre y útil, y en inglés, los que
tengan en otra escuela hijos, se los mandan allí: y si son de nuestra gente, les enseñan
para más halago, en una clase de lectura explicada-explicando el sentido de las
palabras-el español: no más gramática que esa: la gramática la va descubriendo el niño
en lo que lee y oye, y esa es la única que le sirve. -¿Y si tú te esforzaras, y pudieras
enseñar francés como te lo enseñé yo a ti, traduciendo de libros naturales y
agradables?-Si yo estuviera donde tú no me pudieras ver, o donde ya fuera imposible la
vuelta, sería orgullo grande el mío, y alegría grande, si te viera desde allí, sentada, con
tu cabecita de luz, entre las niñas que irían así saliendo de tu alma, -sentada, libre del
mundo, en el trabajo independiente. -Ensáyense en verano: empiecen en invierno.
Pasa, callada, por entre la gente vanidosa. Tu alma es tu seda. Envuelve a tu madre, y
mímala, porque es grande honor haber venido de esa mujer al mundo. Que cuando
mires dentro de ti, y de lo que haces, te encuentres como la tierra por la mañana,
bañada de luz. Siéntete limpia y ligera, como la luz. Deja a otras el mundo frívolo: tú
vales más. Sonríe, y pasa. Y si no me vuelves a ver, haz como el chiquitín cuando el
entierro de Frank Sorzano: pon un libro, -el libro que te pido, -sobre la sepultura. O
sobre tu pecho, porque ahí estaré enterrado yo si muero donde no lo sepan los
hombres. -Trabaja. Un beso. Y espérame.
Tu

J. Martí
Cabo Haitiano, 9 de abril, 1895.
A Maria Mantilla	José Martí



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