El Hombre que quiso ser Rey Rudyard Kipling

 Título:    El Hombre que quiso ser Rey

Autor:    Rudyard Kipling   

Categoria:    Literatura

Idioma:    Espanhol


El Hombre que quiso ser Rey Rudyard Kipling


Rudyard Kipling
El hombre que
quiso ser rey 

Hermano de un príncipe y amigo de un mendigo con tal de que sea digno
La Ley, como dice la cita, establece una justa norma de vida que no es fácil de seguir. He sido muchas
veces amigo de un mendigo, en circunstancias que a ambos nos impedían descubrir si el otro era digno. Todavía me falta ser hermano de un príncipe, aunque en una ocasión conocí de cerca a quien pudo haber sido
un verdadero rey, y me prometieron la posesión de un reino: un ejército, un tribunal de justicia, rentas y
principios políticos, todo de una vez. Pero ahora mucho me temo que mi rey esté muerto, y si quiero una
corona tengo que buscarla por mi cuenta.
Todo empezó en un tren que hacía el camino entre Ajmir y Mhow. Un déficit de presupuesto me
obligaba a viajar no ya en segunda clase, que sólo cuesta la mitad que la primera, sino en intermedia, que es
realmente espantosa. En clase intermedia no hay cojines y, o bien la población es intermedia, es decir,
eurasiática o nativa, lo cual resulta horrible durante un largo viaje nocturno, o bien se trata de una
población de vagos, que es divertida pero que siempre anda ebria. Los de intermedia no compran nada en la
cantina del tren. Llevan su propia comida en hatillos y tarros, y les compran dulces a los vendedores
nativos, y beben agua en los charcos del camino. Éste es el motivo de que cuando llega el calor saquen a los
de intermedia muertos de los vagones, y de que en cualquier estación la gente los mire por encima del
hombro.
Mi vagón de intermedia estuvo vacío hasta que llegamos a Nasirabad, donde subió un caballero de
oscuras y pobladas cejas negras. Iba en mangas de camisa, y mató el tiempo según la costumbre de los de
intermedia. Era un viajero errante, un vagabundo como yo mismo, pero con una educada afición por el
whisky. Contó historias sobre cosas que había visto y hecho, remotos rincones del Imperio en los que se
había internado" y aventuras en las que había arriesgado su vida por la comida de unos pocos días.
-Si la India estuviera llena de hombres como usted y como yo, que no saben mejor que los cuervos de
dónde van a sacar las raciones del día siguiente, la tierra no tendría que dar setenta millones, sino
setecientos -dijo; y al mirarle la boca y el mentón me sentí inclinado a estar de acuerdo con él.
Hablamos de política -la política de la vagancia, que ve el envés de las cosas, donde nadie allana la
escayola- y hablamos de acuerdos postales, porque mi amigo quería enviar un telegrama desde la siguiente
estación con destino a Ajmir, el lugar donde la línea de Bombay se desvía hacia Mhow cuando uno viaja en
dirección oeste. Mi amigo no tenía más dinero que ocho annas, que quería para comer, y yo no tenía dinero
en absoluto, debido a las dificultades de presupuesto antes mencionadas. Más aún, iba hacia un desierto
donde, aunque debería seguir en contacto con la Tesorería, no había oficinas de Telégrafos. Me veía, por lo
tanto, imposibilitado para ayudarle de una u otra manera.
-Podríamos amenazar a un jefe de estación para que mande un cable de fiado -dijo mi amigo-, pero eso
significa preguntas para usted y para mí, y en estos momentos tengo un montón de cosas entre manos.
¿Dijo usted que va a volver por esta misma línea en unos cuantos días?
-Dentro de diez días -contesté.
-¿No pueden ser ocho? -dijo él-. Este asunto es bastante urgente.
-Puedo enviar su telegrama dentro de diez días, si eso le sirve de algo -dije.
-No puedo estar seguro de que lo reciba, ahora que lo pienso. Verá, el sale de Delhì el 23 con dirección a
Bombay. Eso quiere decir que pasará por Ajmir durante la noche del 23.
-Pero yo voy al Desierto Indio -expliqué.
-Bien está -dijo él-. Usted cambiará en Marwar Junction para entrar en el territorio dé Jodhpore, tiene que
hacerlo, y el llegará a Marwar Junction a primeras horas de la mañana del 24 en el Correo de Bombay.
¿Puede estar en Marwar Junction para entonces? No será ningún inconveniente, porque sé que de esos
Estados de India Central uno sólo saca desperdicios sin valor... incluso aunque pretenda ser corresponsal
del Backwoodsman.
-¿Ha usado., ese truco alguna vez?

El Hombre que quiso ser Rey	Rudyard Kipling


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