Nativa - Eduardo Acevedo Díaz | Bajar o Leer en Linea


Título:    Nativa

Autor:    Eduardo Acevedo Díaz 

Categoria:    Literatura

Idioma:    Español

Nativa Eduardo Acevedo Díaz


Eduardo Acevedo Díaz (Villa de la Unión, Montevideo, 20 de abril de 1851 – Buenos Aires, Argentina, 18 de junio de 1921), escritor, periodista y político uruguayo perteneciente al Partido Nacional. Es considerado como el iniciador de la novela nacional de su país, tomó parte activa en la política y sufrió varios destierros. Wikipedia
Fragmento

- I -

Tiempos viejos

Allá por los años de 1821 a 1824, cuando la nacionalidad oriental aparecía aún incolora casi atrofiada al nacer por rudísimos
golpes capaces de producir la parálisis o por lo menos la anemia que se sucede siempre a la postración y al prolongado delirio,
-la libertad de la palabra escrita no alcanzaba tal vez el vuelo de una campana, y por el hecho la propaganda tenía límites
circunscriptos a un círculo popiliano -estrecha, somera, recelosa, lapidaria, espantadiza como ave zancuda que se abate en
una loma en donde no hay para ella alimento, y al pretender remontarse a los aires se arrastra primero azotando el suelo con la
punta de las alas y prorrumpiendo en desafinadas notas. Era este un fenómeno natural. Toda resistencia había cesado desde
hacía pocos meses, y la robusta sociabilidad que sangrara por cien heridas durante cerca de dos lustros para darse su
autonomía propia o recuperar su equilibro primitivo, había sido asimilada por un poder mayor, a título de Estado Cisplatino.
Desde luego, esta sociabilidad había sido atacada en sus fundamentos, en sus tradiciones, en sus costumbres, en su idioma,
en sus propensiones nativas -sustrayéndosela a la vida solidaria de sus congéneres por la razón de la fuerza y la lógica de la
conquista. Explícase así entonces, por qué la libertad del pensamiento no gozaba de más espacio que el que recorre una
flecha; cuando a semejanza del ave viajera -sentada apenas la planta- no emigraba con sus intérpretes a mejores climas.
Este estado de cosas se debía en mucho a la política observada por el señor de Pueyrredón y por el Dr. Tagle; quienes,
adversarios decididos de don José Gervasio Artigas, hombre de gran influencia personal y política en todas las provincias del
litoral uruguayo, y por lo mismo entidad poderosa, habían logrado con astuta diplomacia atraer sobre el territorio oriental una
invasión, que fue portuguesa, como pudo ser de otra nacionalidad cualquiera que se hubiese prestado a la aventura, -quizás al
solo objeto de quebrar por siempre la prepotencia del caudillo, y no con el de entregar al extranjero la más rica zona del antiguo
virreinato.
Al proceder así, el Directorio de Buenos Aires se consideraba débil e incapaz materialmente de dominar con sus elementos
propios el exceso de energía de la misma revolución a quien debía su existencia, -exceso encarnado en la personalidad de
Artigas, que por entonces desempeñaba una función formidable en su médium propio, por inspiración nativa, como resultado
lógico de la ruptura de los vínculos coloniales, sin atingencia tal vez con el ideal de los pensadores y con estricta sujeción a los
impulsos instintivos de la masa ajena a los cálculos y convenciones arbitrarias de los gobiernos-. Pero, que la ocupación del
territorio oriental por un ejército portugués -compuesto de tropas escogidas que habían luchado con las de Napoleón Bonaparte
en la península- no podía ser convencional, temporaria o transitoria, lo constataron bien pronto los hechos por el carácter
mismo que revistió la ocupación, por los actos significativos que se sancionaron y por la actitud de resistencia activa asumida
por los orientales, cerca de cinco años después de vencido Artigas; actitud que el gobierno argentino se vio en el caso de
segundar vencido a su vez en el terreno de los hechos y de las ideas, borrando con el codo de la fuerza bruta lo que había

hecho la mano de sus nerviosos diplomáticos. -El señor de Pueyrredón y el doctor Tagle -estadistas de circunstancias-
creyeron acaso de buena fe, mirando los hombres y las cosas con el catalejo de su época, no con el lente de que en estos

tiempos nos servimos hasta para observar nebulosas, -que la personalidad de Artigas resumía todo lo que ellos consideraban
el mal de la época; y que, abatida esta personalidad, la parte dañada del organismo entraría en cicatrización: lo que equivalía a
decir que el caudillo se asemejaba en cierto modo a un tumor en el cerebro, que una vez extirpado devolvería con el equilibrio
exigible la marcha normal a sus funciones.
De este error serio, que se padeció entonces, provinieron males mayores. Don José Gervasio Artigas -a quien asignóse de
esa manera un poder personal dañino absoluto, al punto de considerársele como fuente generadora de desobediencias y
rebeldías indomables, o como fuerza extraordinaria de acción y reacción de donde emanaban y a donde refluían todos los
extravíos y rabias locales de las multitudes armadas-, no fue producto exclusivo de un molde que debía servir por el contrario
de forma a múltiples entidades más o menos influyentes, como que ya estaba preparado y dispuesto en la fragua del cíclope
ciego -o por lo menos de un solo ojo- que se llamó coloniaje. Aquellos gobernantes parecieron no tener en cuenta que en la
incubación de nacionalidades o en la formación embrionaria de soberanías nuevas, no es el caudillo sea cual fuere su prestigio
el que crea los instintos, las propensiones, la idiosincrasia y la índole genial del pueblo en cuyo medio se agita y se impone,
sino que es la sociabilidad la que lo educa, lo adoba, lo eleva y lo hace carne viva de sus ideales invencibles y aun de sus
brutalidades heroicas, con ayuda del clima y de las costumbres austeras; pues como lo comprueba la historia, atentamente
analizada, las pasiones de la masa se condensan siempre en individualidades típicas, que son como sus válvulas de escape, o
sus centros de atracción en cuyo redor giran todas las fuerzas activas para modelarse y darse una significación y un poder
propios en el tiempo y en el espacio. Por eso, las personalidades típicas surgen ya dominantes y se hacen prepotentes; y por
eso aun cuando no hubiese surgido Artigas, la fuerza espontánea que lo abortó habría engendrado otros de su talla por la
sencilla razón de que él no era una causa sino un efecto.

Nativa - Eduardo Acevedo Díaz | Bajar o Leer en Linea




Publicidade
LexiWiki es un sitio sobre cultura en general y temas como arte, literatura, educación, libros gratuitos, para descargar y leer en cualquier tecnología como smartphones, tablets o tabletas, computadores portátiles, laptops entre otros.
Publicaciones relacionados, sugeridos y anuncios
 
Publicidade
Acerca | Condiciones de Uso | Politica de Cookies | Politica de Privacidad

Produccion literaria, literatura y arte, periodismo literario, textos literarios cortos, el arte de leer, lectura comprensiva

Juan 3 16 Porque Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todos los que creen en él no perezcan, sino que tengan vida eterna.

voltar