Libro: El Comendador Mendoza : Obras Completas Tomo VII Juan Valera | Leer en PDF

 Título:    El Comendador Mendoza : Obras Completas Tomo VII

Autor:    Juan Valera   

Categoria:    História

Idioma:    Espanhol


El Comendador Mendoza : Obras Completas Tomo VII Juan Valera




JUAN VALERA
NOVELAS
El Comendador Mendoza
OBRAS COMPLETAS TOMO VII
A LA EXCMA. SENORA *DONA IDA DE BAUER*
Nunca, estimada senora y bondadosa amiga, sone con ser escritor popular.
No me explico la causa, pero es lo cierto que tengo y tendre siempre
pocos lectores. Mi aficion a escribir es, sin embargo, tan fuerte, que
puede mas que la indiferencia del publico y que mis desenganos.
Varias veces me di ya por vencido y hasta por muerto; mas apenas deje de
ser escritor, cuando revivi como tal bajo diversa forma. Primero fui
poeta lirico, luego periodista, luego critico, luego aspire a filosofo,
luego tuve mis intenciones y conatos de dramaturgo zarzuelero, y al cabo
trate de figurar como novelista en el largo catalogo de nuestros
autores.
Bajo esta ultima forma es como la gente me ha recibido menos mal; pero
aun asi, no las tengo todas conmigo.
Mi musa es tan voluntariosa, que hace lo que quiere y no lo que yo le
mando. De aqui proviene que, si por dicha logro aplausos, es por falta
de prevision.
Escribi mi primera novela sin caer hasta el fin en que era novela lo que
escribia.
Acababa yo de leer multitud de libros devotos.
Lo poetico de aquellos libros me tenia hechizado, pero no cautivo. Mi
fantasia se exalto con tales lecturas, pero mi frio corazon siguio en
libertad y mi seco espiritu se atuvo a la razon severa.
Quise entonces recoger como en un ramillete todo lo mas precioso, o lo
que mas precioso me parecia, de aquellas flores misticas y asceticas, e
invente un personaje que las recogiera con fe y entusiasmo, juzgandome
yo, por mi mismo, incapaz de tal cosa. Asi broto espontanea una novela,
cuando yo distaba tanto de querer ser novelista.
Despues me he puesto adrede a componer otras, y dicen que lo he hecho
peor.
Esto me ha desanimado de tal suerte, que he estado a punto de no volver
a escribirlas.
Entre las pocas personas que me han dado nuevo aliento descuella V., ora
por la indulgencia con que celebra mis obrillas, ora por el valor que
los elogios de V., si prescindimos por un instante de la bondad que los
inspira, deben tener para cuantos conocen su rara discrecion, su
delicado gusto y el hondo y exquisito sentir con que percibe todo lo
bello.
Aunque yo no hubiese seguido de antemano la sentencia de aquel sabio
alejandrino que afirmaba que solo las personas hermosas entendian de
hermosura, V. me hubiera movido a seguirla, mostrandose luminoso y vivo
ejemplo y gentil prueba de su verdad.
No extrane V., pues, que, lleno de agradecimiento, le dedique este
libro.
Por ir dedicado a V., quisiera yo que fuese mejor que _Pepita Jimenez_,
a quien V. tanto celebra; pero harto sabido es que las obras literarias,
y muy en particular las de caracter poetico, solo se dan bien en
momentos dichosos de inspiracion, que los autores no renuevan a su
antojo.
En esto como en otras mil cosas, la poesia se parece a la magia.
Requiere la intervencion del cielo.
Cuentan de Alberto Magno que, yendo en peregrinacion de Roma a Alemania,
paso una noche a las orillas del Po, en la cabana de un pescador.
Agasajado alli muy bien, quiso el doctor probar su gratitud al huesped,
y le hizo y le dio un pez de madera, tan maravilloso que, puesto en la
red atraia a todos los peces vivos. No hay que ponderar la ventura del
pescador con su pez magico. Cierto dia, con todo, tuvo un descuido, y el
pez se le perdio. Entonces se puso en camino, fue a Alemania, busco a
Alberto, y le rogo que le hiciera otro pez semejante al primero. Alberto
respondio que lo deseaba (tambien deseo yo hacer otra _Pepita Jimenez;_)
mas que, para hacer otro pez que tuviese todas las virtudes del antiguo,
era menester esperar a que el cielo presentase identico aspecto y
disposicion en constelaciones, signos y planetas, que en la noche en que
el primer pez se hizo, lo cual no podia acontecer sino dentro de treinta
y seis mil y pico de anos.
Como yo no puedo esperar tanto tiempo, me resigno a dedicar a V. _El
Comendador Mendoza_.
Este simpatico personaje, antes de salir en publico, no ya escondido y a
trozos, sino por completo y por si solo, pasa, con la venia de Lucia, a
besar humildemente los lindos pies de V. y a ponerse bajo su amparo.
Remedando a un antiguo companero mio, elige a V. por su madrina. No
desdene V. al nuevo ahijado que le presento, aunque no valga lo que
_Pepita_, y creame su afectisimo y respetuoso servidor.
JUAN VALERA.

El Comendador Mendoza : Obras Completas Tomo VII Juan Valera

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