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Los Sueños, Volume II de Francisco Quevedo

  Los Sueños, Volume II  de  Francisco Quevedo



AL LECTOR
COMO DIOS ME LO DEPARARE, CÁNDIDO O PURPÚREO, PÍO O CRUEL, BENIGNO O SIN SARNA[3]

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Es cosa averiguada, así lo siente Metrodoro Chío y otros muchos, que no se sabe nada y que todos son ignorantes. Y aun esto no se sabe de cierto: que, a saberse, ya se supiera algo; sospéchase. Dícelo así el doctísimo Francisco Sánchez, médico y filósofo, en su libro cuyo título es Nihil scitur: No se sabe nada. En el mundo, fuera de los teólogos, filósofos y juristas, que atienden a la verdad y al verdadero estudio, hay algunos que no saben nada y estudian para saber, y éstos tienen buenos deseos y vano ejercicio: porque, al cabo, sólo les sirve el estudio de conocer cómo toda la verdad[4] la quedan ignorando. Otros hay que no saben nada y no estudian, porque piensan que lo saben todo. Son déstos muchos irremediables. A éstos se les ha de envidiar el ocio y la satisfacción y llorarles el seso. Otros hay que no saben nada, y dicen que no saben nada porque piensan que saben algo de verdad, pues lo es que no saben nada, y a éstos se les había de castigar la hipocresía con creerles la confesión. Otros hay, y en éstos, que son los peores, entro yo, que no saben nada ni quieren saber nada ni creen que se sepa nada, y dicen de todos que no saben nada y todos dicen dellos lo mismo y nadie miente. Y como gente que en cosas de letras y ciencia tiene que perder tan poco, se atreven a imprimir y sacar a luz todo cuanto sueñan. Éstos dan que hacer a las imprentas, sustentan a los libreros, gastan[5] a los curiosos y, al cabo, sirven a las especierías[6]. Yo, pues, como uno déstos, y no de los peores ignorantes, no contento con haber soñado el Juicio ni haber endemoniado un alguacil, y, últimamente, escrito el Infierno, ahora salgo (sin ton ni son; pero no importa, que esto no es bailar[7]) con el Mundo por de dentro. Si te agradare y pareciere bien, agradécelo a lo poco que sabes, pues de tan mala cosa[8] te contentas. Y si te pareciere malo, culpa mi ignorancia en escribirlo y la tuya en esperar otra cosa de mí. Dios te libre, lector, de prólogos largos y de malos epítetos.

Los Sueños, Volume II  de  Francisco Quevedo

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Porque Deus amou o mundo de tal maneira que deu o seu Filho unigênito, para que todo aquele que nele crê não pereça, mas tenha a vida eterna. João 3:16

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