Lista de Lecturas Recomendadas

El Misterio de Marie Roget Edgar Allan Poe


Título:    El Misterio de Marie Roget

Autor:    Edgar Allan Poe   

Categoria:    Literatura

Idioma:    Espanhol

El Misterio de Marie Roget

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Edgar Allan Poe fue un escritor, poeta, crítico y periodista romántico​​ estadounidense, generalmente reconocido como uno de los maestros universales del relato corto, del cual fue uno de los primeros practicantes en su país. Fue renovador de la novela gótica, recordado especialmente por sus cuentos de terror. Wikipedia

EL MISTERIO DE MARIE ROGET1
EDGAR ALLAN POE

(Continuación de «Los crímenes de la calle Morgue»)

Hay series ideales de acaecimientos que corren paralelos a los reales. Rara vez
coinciden; por lo general. Los hombres y las circunstancias modifican la serie ideal
perfecta, y sus consecuencias son por lo tanto igualmente imperfectas. Tal ocurrió con
la Reforma: en vez del protestantismo tuvimos el luteranismo.
(NOVALIS, Moral Ansichten)

El Misterio de Marie Roget Edgar Allan Poe





Un Marido Ideal Oscar Wilde

Título: Un Marido Ideal

Autor: Oscar Wilde
Categoria: Literatura
Idioma: Espanhol

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Un Marido Ideal Oscar Wilde

Un marido ideal (An Ideal Husband en su versión original) es una obra de teatro en cuatro actos del autor Oscar Wilde estrenada el 3 de enero de 1895. (Wikipedia)
PERSONAJES DE LA OBRA

CONDE DE CAVERSHAM.
VIZCONDE GORING, su hijo.
SIR ROBERT CHILTERN, sub-secretario del Ministerio de Asuntos Exteriores.
VIZCONDE DE NANUAC, agre gado a la embajada france sa en Londres.
MASON, mayordomo de sir Ro bert Chiltern.
MISTER MONTFORD.
JAMES y HAROLD, criados.
PHILIPPS, criado de lord Goring.
LADY CHILTERN.
LADY MARKBY
CONDESA DE BASILDON.
MISTRESS MARCHMONT.
MISS MABEL CHILTERN, hermana de sir Robert Chiltern.
MISTRESS CHEVELEY

ACTO PRIMERO

Escena: habitación de forma octogonal en la casa de sir Robert Chiltern, en Grosvenor Square, Londres.
Tiempo: el actual [del autor]. La habitación está brillantemente iluminada y llena de in vitados. En lo alto de
la escalera está lady Chiltern, una mujer de una belleza de tipo griego, de unos veintisiete años. Recibe a
los invitados según van llegando. Al pie de la escalera cuelga una gran araña que ilumina un enorme tapiz
francés del siglo XVIII, situado en la pared de la escalera, el cual representa el triunfo del amor, según un
grabado de Boucher*. A la derecha hay una puerta que da al salón de baile. Se oye suavemente la música
de recepción. Mistress Marchmont y lady Basildon, dos damas muy bellas, están sentadas en un sofa de
estilo Luis XVI. Tienen figuras de exquisita fragilidad. Lo afectado de sus adema nes posee un delicado
encanto. A Watteau le hubiese gustado pintarlas.
* Haciéndose eco del antiguo ideal horaciano implícito en su ut pictura poesis (persona, cabría consignar

aquí), Wilde establece plásticas analogías entre los personajes y obras pictóricas para describir a los pri-
meros.

Un Marido Ideal Oscar Wilde


El poder de la lectura. Obras maestras de la literatura.  Leer libros clásicos contribuye a Leer libros clásicos contribuye a 

  1. desarrollar la competencia de leer comprensivamente
  2. ayudarles a progresar en sus nivelesde comprensión lectora
  3. lectura comprensiva como una actividad estratégica para la primaria
  4. detectar los problemas de comprensión que va encontrando
  5. reducir falta de desarrollo de la comprensión lectora
  6. estímulo de la comprensión lectora 
  7. profundizando estrategias de comprensión lectora en secundaria
  8. mejorar el intelecto, la comprensión lectora
  9. promover la comprensión lectora 
  10. ampliar su vocabulario y mejorar su comprensiónlectora

lectura reflexiva sobre los valores como cuentos para adolescentes sobre valores

Cantigas de Santa María Alfonso X, el Sabio | Bajar o Leer en Linea


Título
:  Cantigas de Santa María


Autor:  Alfonso X, el Sabio  

Categoria:  Literatura

Idioma:    Espanol


Cantigas de Santa María


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Esta é a primeira cantiga de loor de Santa Maria, ementando os VII goyos
que ouve de seu fillo.

Des oge mais quer' eu trobar
pola Sennor onrrada,
en que Deus quis carne fillar
beyta e sagrada,
por nos dar gran soldada
no seu reyno e nos erdar
por seus de sa masnada
de vida perlongada,
sen avermos pois a passar
per mort' outra vegada.
E poren quero começar
como foy saudada
de Gabriel, u lle chamar
foy: «Benaventurada
Virgen, de Deus amada:
do que o mund' á de salvar
ficas ora prennada;
e demais ta cunnada
Elisabeth, que foi dultar,
é end' envergonnada».
E demais quero-ll' enmentar
como chegou canssada
a Beleem e foy pousar

Cantigas de Santa María

2

no portal da entrada,
u paryu sen tardada
Jesu-Crist', e foy-o deytar,
como moller menguada,
u deytan a cevada,
no presev', e apousentar
ontre bestias d'arada.
E non ar quero obridar
com' angeos cantada
loor a Deus foron cantar
e «paz en terra dada»;
nen como a contrada
aos tres Reis en Ultramar
ouv' a strela mostrada,
por que sen demorada
veron sa offerta dar
estranna e preçada.
Outra razon quero contar
que ll' ouve pois contada
a Madalena: com' estar
vyu a pedr' entornada
do sepulcr' e guardada
do angeo, que lle falar
foy e disse: «Coytada
moller, sey confortada,
ca Jesu, que ves buscar,
resurgiu madurgada.»
E ar quero-vos demostrar
gran lediç' aficada
que ouv' ela, u vyu alçar
a nuv' enlumada
seu Fill'; e poys alçada
foi, viron angeos andar
ontr' a gent' assada,
muy desaconsellada,
dizend': Assi verrá juygar,
est' é cousa provada.»

Cantigas de Santa María

3

Nen quero de dizer leixar
de como foy chegada
a graça que Deus enviar
lle quis, atan grãada,
que por el esforçada
foy a companna que juntar
fez Deus, e enssinada,
de Spirit' avondada,
por que souberon preegar
logo sen alongada.
E, par Deus, non é de calar
como foy corõada,
quando seu Fillo a levar
quis, des que foy passada
deste mund' e juntada
con el no ceo, par a par,
e Rea chamada,
Filla, Madr' e Criada;
e poren nos dev' ajudar,
ca x' é noss' avogada.

Cantigas de Santa María Alfonso X, el Sabio | Bajar o Leer en Linea



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El origen de las especies Charles Darwin


Título: 
  El origen de las especies


Autor:    Charles Darwin   Listar as obras deste autor

Categoria:    Biologia Geral

Idioma:    Espanol

El origen de las especies Charles Darwin

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Vea tambien
1. Werther Johann Wolfgang von Goethe
2. David Copperfield Charles Dickens
3. Naufragios Álvar Núñez Cabeza de Vaca

Prólogo Charles Darwin, el científico naturalista que más contribuyó a la historia de la biología, nació en Shrewsbury el 9 de febrero de 1809. Quinto hijo de Robert Darwin, un próspero médico rural, y de Susannah Potter, creció en el seno de una sofisticada familia inglesa. Luego de finalizar sus estudios en la escuela de Shrewsbury, ingresó en la Universidad de Edimburgo para cursar medicina. En 1827 abandonó la carrera y comenzó estudios de teología en la Facultad de Estudios Cristianos, en la Universidad de Cambridge, con el fin de convertirse en clérigo rural, como lo deseaba su padre. Allí inició una íntima amistad con John Stevens Henslow, cura y botánico, que lo llevó consigo en largas expediciones para recolectar plantas y lo recomendó al capitán Fitz Roy como tripulante del buque in- glés Beagle. Ya a fines del siglo XVIII, como en busca de un portavoz, la teoría de la evolución rondaba lentamente la atmósfera de los naturalistas. Pero lo que le otorgó a Darwin el crédito de descubrir la selección natural fue la publicación, el 24 de noviembre de 1859, de El origen de las especies. Esta edición se agotó el día de aparición y, con las subsi- guientes, fueron seis publicaciones en total las que se editaron en vida de Darwin. El origen de las especies fue el resultado de un exhaustivo y profundo trabajo de ob- servación e investigación que Darwin comenzó desde muy joven, cuando se dedicó a es- tudiar historia natural y reanudó sus colecciones de minerales e insectos, que había co- menzado en la escuela. Sin embargo, lo que realmente consagró los años de estudio y re- flexión fue su labor como naturalista en la expedición alrededor del mundo, a bordo del Beagle. Tal como lo afirma en la autobiografía: "El viaje en el Beagle ha sido el aconte- cimiento más importante de mi vida y el que determinó toda mi carrera". El origen de las especies fue el primer relato convincente y claro acerca de la teoría de la evolución y de la selección natural. La obra de Darwin estaba narrada en un lenguaje directo y coloquial, accesible a cualquier lector. En ella fue capaz de explicar en forma simple que las especies cambiaban como resultado de una necesidad nueva; que la lucha por la supervivencia eliminaba las variaciones desfavorables y sobrevivían las más aptas; que el número de individuos de cada especie permanecía más o menos constante; y expli- có, por medio de descripciones minuciosas, cómo variaban en todos los aspectos las dis- tintas especies según el entorno. Una de las principales influencias en su teoría de la selección natural ha sido el clérigo y economista británico, Thomas Malthus, con su Ensayo sobre el principio de la pobla- ción (1798). También se le atribuye gran importancia en la obra de Darwin al naturalista Alfred Russel Wallace (18231915), quien en su última expedición a las islas de Malasia formuló su hipótesis acerca de la selección natural. En 1858, a pesar de que no se conocí- an, Wallace le comunicó sus ideas a Darwin, quien ya poseía una teoría similar. Unos meses antes de la publicación de El origen de las especies, ambos científicos habían rea- lizado una publicación conjunta de extractos de los manuscritos. Darwin narró en su Diario de viaje algunas vivencias que lo llevaron al comienzo de una crisis religiosa; llegó a escribir: "...De hecho casi no puedo comprender cómo haya nadie que pueda desear que la doctrina cristiana sea cierta". No encontraba compatible la esclavitud, sustento de la economía de la burguesía, a la que pertenecía, con la doctrina cristiana. Varios años después escribió con cierto tono irónico: "Considerando la feroci- dad con que he sido tratado por los ortodoxos, parece cómico que alguna vez pensara ser clérigo". Luego de cinco años de expedición (18311836) redactó, sobre la base de los apuntes tomados a bordo, el Diario de viaje. En 1842, después de realizar una travesía por el norte de Gales con el fin de observar los glaciares, la mala salud de Darwin se acentuó. Siempre había sido hipocondríaco, pe- ro los males comenzaban a hacerse reales. Renunció al cargo de Secretario de la Sociedad Geológica y buscó, junto a su prima, Emma Wedgwood -con la que se había casado en enero de 1839- un lugar retirado, en los alrededores de Londres. Halló una casa en Down House, en las afueras de Seven Oaks, que fue su último hogar. Entonces mantuvo una vida apartada de los compromisos sociales y dedicó unas horas por día a ampliar aspectos de su teoría. Murió el 19 de abril de 1882 de lo que luego se conoció como Mal de Cha- gas. Aunque algunos médicos, contrariando a los familiares, sostuvieron que, en realidad, la causa de su muerte fue la constante angustia. Es autor de: Arrecifes coralinos (1842), Mis diversas publicaciones(1844), Diario de viaje (1845), El origen de las especies(1859), Fertilización de las orquídeas (1862), El origen del hombre (1871), La expresión de las emociones en el hombre y en los animales (1872), Vida de Erasmus Darwin (1879) y, por último, Power of Movement in Plants (1880). Darwin vaticinó la inmortalidad de su obra y fue, sin duda, quien echó más luz sobre las tres áreas principales que cultivó: la geología, la botánica y "el misterio de los miste- rios", como se llamaba por esos años a los problemas de la evolución y de la selección natural. Margarita Rodríguez Acero Introducción Viajábamos a bordo del Beagle, buque de guerra inglés, en calidad de naturalistas, cuando nos impresionaron mucho ciertos hechos observados en la distribución de los se- res orgánicos que habitan América del Sur, y en las relaciones geológicas existentes entre los actuales habitantes de aquel continente y sus antecesores. Estos hechos parecían arro- jar luz sobre el origen de las especies. De vuelta a nuestra patria en 1837, se nos ocurrió que quizás algo podría sacarse en limpio de esta cuestión, acumulando con paciencia, pa- ra reflexionar sobre ellos, toda clase de hechos que pudieran tener alguna relación o co- nexión con el problema. Después de un trabajo de cinco años, nos permitimos especular sobre el asunto, y formamos algunas cortas notas que ampliamos en 1844. Al considerar el origen de las especies se concibe perfectamente que el naturalista que reflexiona sobre las mutuas afinidades de los seres orgánicos, sobre sus relaciones em- briológicas, su distribución geográfica y otros hechos semejantes, puede llegar a deducir que las especies no han sido creadas independientemente, sino que han descendido como variedades de otras especies. A pesar de todo, tal conclusión, aun estando bien fundada, no sería satisfactoria hasta poder demostrarse cómo ha n sido modificadas las innumera- bles especies que habitan este mundo, hasta adquirir esa perfección de estructura y co- adaptación que con justicia excita nuestra admiración. Continuamente los naturalistas la atribuyen a condiciones externas, clima, alimento, etc., como única causa posible de va- riación, y aunque en sentido limitado, todavía consideramos absurdo atribuir a meras condiciones externas la estructura, por ejemplo, del muérdago, que toma su alimento de ciertos árboles, que posee semillas que necesitan ser transportadas por ciertos pájaros y que ofrece flores de sexos separados que requieren absolutamente la acción de ciertos in- sectos para llevar el polen de una flor a otra. Es igualmente, a nuestro entender, absurdo querer explicar la estructura de este parásito y sus relaciones con los varios seres orgáni- cos distintos, por los efectos de condiciones externas o de hábito, o por voluntad de la misma planta. Es, por lo tanto, de la mayor importancia llegar a la clara percepción de los medios de modificación y coadaptación, por lo cual desde el principio de nuestras observaciones nos parecía probable que el cuidadoso estudio de los animales domésticos y de las plantas cultivadas ofrecería más probabilidades para aclarar tan oscuro problema. Nadie se sorprenderá de lo mucho que todavía queda por explicar con respecto al ori- gen de las especies y variedades, si se tiene en cuenta nuestra profunda ignorancia acerca de muchos de los seres que viven en nuestro derredor. ¿Quién puede explicar por qué una especie extiende en todas direcciones sus numerosos individuos, mientras que otra aliada a la primera domina en espacio pequeño y apenas se la encuentra? No obstante, son de mucha importancia estas relaciones, porque determinan el bienestar actual, y a nuestro modo de ver, se dirigen al futuro logro y modificación de cada uno de los habitantes de este mundo. Todavía sabemos menos de las mutuas relaciones existentes entre los innu- merables habitantes que han existido durante las muchas épocas geológicas que cuenta la historia, y aunque hay muchos misterios que durante mucho tiempo permanecerán tales, sin embargo, después del estudio más deliberado y del más desapasionado juicio de que somos capaces, no dudamos que la opinión hasta ahora sostenida por la mayor parte de los naturalistas y antes por nosotros, al afirmar que cada especie ha sido creada indepen- dientemente, es errónea. Estamos convencidos de que las especies no son inmutables, si- no que las pertenecientes a los llamados géneros descienden en línea recta de algunas otras especies ya totalmente extinguidas, de análoga manera que las variedades reconoci- das de cualquier especie son descendientes de esa especie. Aun más; no dudamos que la selección natural ha sido el más importante, sino el exclusivo medio de modificación.

El origen de las especies Charles Darwin



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David Copperfield, de Charles Dickens

Título:    David Copperfield

Autor:    Charles Dickens 

Categoria:    Literatura

Idioma:    Espanol

David Copperfield


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ÍNDICE Pagina
PREFACIO 2
PRIMERA PARTE
I. Nazco 3
II. Observo 10
III. Un cambio 19
IV. Caigo en desgracia 29
V. Me alejan del hogar 41
VI. Ensancho mi círculo de amistades 52
VII. Mi primer semestre en Salem House 57
VIII. Mis vacaciones, y en especial una tarde dichosa. 68
IX. Un cumpleaños memorable 77
X. Empiezan descuidándome, y luego me colocan. 84
XI. Empiezo a vivir por mi cuenta, y no me gusta. 96
XII. Cómo el vivir por mi cuenta no me gusta y tomo una gran resolución 105
XIII. El resultado de mi resolución 111
XIV. Lo que mi tía decide respecto a mí 123
XV. Vuelvo a empezar 133
XVI. Cambio en más de un sentido 138
XVII. Alguien que reaparece 151
XVIII. Mirada retrospectiva 162
XIX. Miro a mi alrededor y hago un descubrimiento. 167
XX. La casa de Steerforth 177
SEGUNDA PARTE.
I. La pequeña Emily 182
II. Lugares antiguos y gente nueva 194
III. Corroboro la opinión de míster Dick y me decido por una profesión 208
IV. Mi primer exceso 217
V. El ángel bueno y el ángel malo 223
VI. Caigo cautivo 235
VII. Tommy Traddles 244
VIII. Míster Micawber lanza su guante 250
IX. Veo de nuevo a Steerforth en su casa 263
X. Una desgracia 267
XI. Una pérdida mayor 272
XII. El principio de un viaje largo 278
XIII. Felicidad 290
XIV. Mi tía me sorprende 301
XV. Depresión 307
XVI. Entusiasmo 320
XVII. Un poco de agua fría 331

XVIII. Disolución de sociedad 336
XIX. Wickfield y Heep 347
XX. El vagabundo 359
TERCERA PARTE
I. Las tías de Dora 363
II. Una desgracia 373
III. Otra mirada retrospectiva 385
IV. Nuestra casa 390
V. Míster Dick cumple la profecía de mi tía 400
VI. Inteligencia 410
VII. Martha 418
VIII. Suceso doméstico 424
IX. Me veo envuelto en un misterio 431
X. El sueño de míster Peggotty llega a realizarse 439
XI. El principio de un viaje más largo 444
XII. Asisto a una explosión 454
XIII. Otra mirada retrospectiva 469
XIV. Las operaciones de míster Micawber 472
XV. La tempestad 482
XVI. La nueva y la antigua herida 488
XVII. Los emigrantes 493
XVIII. Ausencia 499
XIX. Regreso 503
XX. Agnes 514
XXI. Voy a ver a dos interesantes presidiarios 519
XXII. Una luz brilla en mi camino 527
XXIII. Un visitante 532
XXIV. Última mirada retrospectiva 537

PREFACIO

Difícilmente podré alejarme lo bastante de este libro, todavía en las primeras emociones

de haberlo terminado, para considerarlo con la frialdad que un encabezamiento así re-
quiere. Mi interés está en él tan reciente y tan fuerte y mis sentimientos tan divididos

entre la alegría y la pena (alegría por haber dado fin a mi tarea, pena por separarme de
tantos compañeros), que corro el riesgo de aburrir al lector, a quien ya quiero, con
confidencias personales y emociones íntimas.
Además, todo lo que pudiera decir sobre esta historia, con cualquier propósito, ya he
tratado de decirlo en ella.
Y quizá interesa poco al lector el saber la tristeza con que se abandona la pluma al
terminar una labor creadora de dos años, ni la emoción que siente el autor al enviar a ese
mundo sombrío parte de sí mismo, cuando algunas de las criaturas de su imaginación se
separan de él para siempre.
A pesar de todo, no tengo nada más que decir aquí, a menos de confesar (lo que sería
todavía menos apropiado) que estoy seguro de que a nadie, al leer esta historia, podrá
parecerle más real de lo que a mí me ha parecido al escribirla.
Por lo tanto, en lugar de mirar al pasado miraré al porvenir. No puedo cerrar estos
volúmenes de un modo más agradable para mí que lanzando una mirada llena de
esperanza hacia los tiempos en que vuelvan a publicarse mis dos hojas verdes mensuales,

y dedicando un pensamiento agradecido al sol y a la lluvia que hayan caído sobre estas
páginas de DAVID COPPERFIELD, haciéndome feliz.
Londres, octubre de 1850.

David Copperfield, de Charles Dickens


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El Profeta, de Gibrán Khalil Gibrán | Descarga


Título:    El Profeta

Autor:    Gibrán Khalil Gibrán  

Categoria:    Literatura

Idioma:    Espanol


El Profeta

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Fragmento

El Profeta

Almustafá, el elegido y bienamado, el que era un amanecer en su propio día, había esperado doce años en
la ciudad de orfalese la vuelta del barco que debía devolverlo a su isla natal.
A los doce años, en el séptimo día de Yeleol, el mes de las cosechas, subió a la colina, más allá de los
muros de la ciudad, y contempló él mar. Y vio su barco llegando con la bruma.
Se abrieron, entonces, de par en par las puertas de su corazón y su alegría voló sobre el océano. Cerró los
ojos y oró en los silencios de su alma.
Sin embargo, al descender de la colina, cayó sobre él una profunda tristeza, y pensó así, en su corazón.
¿Cómo podría partir en paz y sin pena? No; no abandonaré esta ciudad sin una herida en el alma.
Largos fueron los días de dolor que pasé entre sus muros y largas fueron las noches de soledad y, ¿quién
puede separarse sin pena de su soledad y su dolor?
Demasiados fragmentos de mi espíritu he esparcido por estas calles y son muchos los h ijos de mi anhelo
que marchan desnudos entre las colinas. No puedo abandonarlos sin aflic ción y sin pena.
No es una túnica la que me quito hoy, sino mi propia piel, que desgarro con mis propias manos.
Y no es un pensamiento el que dejo, sino un corazón, endulzado por el hambre y la sed.
Pero, no puedo detenerme más.
El mar, que llama todas las cosas a su seno, me llama y debo embarcarme.
Porque el quedarse, aunque las horas ardan en la noche, es congelarse y cristalizarse y ser ceñido
por un molde. Desearía llevar conmigo todo lo de aquí, pero, ¿cómo lo haré?
Una voz no puede llevarse la lengua y los labios que le dieron alas. Sola debe buscar el éter.
Y sola, sin su nido, volará el águila cruzando el sol. Entonces, cuando llegó al pie de la colina, miró
al mar otra vez y vio a su barco acercándose al puerto y, sobre la proa, los marineros, los hombres de
su propia tierra.
Y su alma los llamó, diciendo:
Hijos de mi anciana madre, jinetes de las mareas; ¡cuántas veces habéis surcado mis sueños! Y
ahora llegáis en mi vigilia, que es mi sueño más profundo.
Estoy listo a partir y mis ansias, con las velas desplegadas,, esperan el viento.
Respiraré otra vez más este aire calmo, contemplaré otra vez tan sólo hacia atrás, amorosamente.
Y luego estaré con vosotros, marino entre marinos. Y tú, inmenso mar, madre sin sueño.
Tú que eres la paz y la libertad para el río y el arroyo. Permite un rodeo más a esta corriente, un
murmullo más a esta cañada.
Y luego iré hacia ti, como gota sin límites a un océano sin límites.
Y, caminando, vio a lo lejos cómo hombres abandonaban sus campos y sus viñas y se encaminaban
apresuradamente hacia las puertas de la ciudad.
Y oyó sus voces llamando su nombre y gritando de lugar a lugar, contándose el uno al otro de la
llegada de su barco. Y se dijo a sí mismo:
¿Será el día de la partida el día del encuentro? ¿Y será mi crepúsculo, realmente, mi amanecer?
¿Y, qué daré a aquel que dejó su arado en la mitad del surco, o a aquel que ha detenido la rueda de
su lagar?
¿Se convertirá mi corazón en un árbol cargado de frutos
que yo recoja para entregárselos?
¿Fluirán mis deseos como una fuente para llenar sus copas?
¿Será un arpa bajo los dedos del Poderoso o una flauta a través de la cual pase su aliento?
Buscador de silencios soy ¿qué tesoros he hallado en ellos que pueda ofrecer confiadamente?
Si es este mi día de cosecha ¿en qué campos sembré la semilla y en qué estaciones, sin memoria?

El Profeta, de Gibrán Khalil Gibrán | Descarga



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Nativa - Eduardo Acevedo Díaz | Bajar o Leer en Linea


Título:    Nativa

Autor:    Eduardo Acevedo Díaz 

Categoria:    Literatura

Idioma:    Espanhol


Nativa Eduardo Acevedo Díaz


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Eduardo Acevedo Díaz (Villa de la Unión, Montevideo, 20 de abril de 1851 – Buenos Aires, Argentina, 18 de junio de 1921), escritor, periodista y político uruguayo perteneciente al Partido Nacional. Es considerado como el iniciador de la novela nacional de su país, tomó parte activa en la política y sufrió varios destierros. Wikipedia

Fragmento

- I -

Tiempos viejos

Allá por los años de 1821 a 1824, cuando la nacionalidad oriental aparecía aún incolora casi atrofiada al nacer por rudísimos
golpes capaces de producir la parálisis o por lo menos la anemia que se sucede siempre a la postración y al prolongado delirio,
-la libertad de la palabra escrita no alcanzaba tal vez el vuelo de una campana, y por el hecho la propaganda tenía límites
circunscriptos a un círculo popiliano -estrecha, somera, recelosa, lapidaria, espantadiza como ave zancuda que se abate en
una loma en donde no hay para ella alimento, y al pretender remontarse a los aires se arrastra primero azotando el suelo con la
punta de las alas y prorrumpiendo en desafinadas notas. Era este un fenómeno natural. Toda resistencia había cesado desde
hacía pocos meses, y la robusta sociabilidad que sangrara por cien heridas durante cerca de dos lustros para darse su
autonomía propia o recuperar su equilibro primitivo, había sido asimilada por un poder mayor, a título de Estado Cisplatino.
Desde luego, esta sociabilidad había sido atacada en sus fundamentos, en sus tradiciones, en sus costumbres, en su idioma,
en sus propensiones nativas -sustrayéndosela a la vida solidaria de sus congéneres por la razón de la fuerza y la lógica de la
conquista. Explícase así entonces, por qué la libertad del pensamiento no gozaba de más espacio que el que recorre una
flecha; cuando a semejanza del ave viajera -sentada apenas la planta- no emigraba con sus intérpretes a mejores climas.
Este estado de cosas se debía en mucho a la política observada por el señor de Pueyrredón y por el Dr. Tagle; quienes,
adversarios decididos de don José Gervasio Artigas, hombre de gran influencia personal y política en todas las provincias del
litoral uruguayo, y por lo mismo entidad poderosa, habían logrado con astuta diplomacia atraer sobre el territorio oriental una
invasión, que fue portuguesa, como pudo ser de otra nacionalidad cualquiera que se hubiese prestado a la aventura, -quizás al
solo objeto de quebrar por siempre la prepotencia del caudillo, y no con el de entregar al extranjero la más rica zona del antiguo
virreinato.
Al proceder así, el Directorio de Buenos Aires se consideraba débil e incapaz materialmente de dominar con sus elementos
propios el exceso de energía de la misma revolución a quien debía su existencia, -exceso encarnado en la personalidad de
Artigas, que por entonces desempeñaba una función formidable en su médium propio, por inspiración nativa, como resultado
lógico de la ruptura de los vínculos coloniales, sin atingencia tal vez con el ideal de los pensadores y con estricta sujeción a los
impulsos instintivos de la masa ajena a los cálculos y convenciones arbitrarias de los gobiernos-. Pero, que la ocupación del
territorio oriental por un ejército portugués -compuesto de tropas escogidas que habían luchado con las de Napoleón Bonaparte
en la península- no podía ser convencional, temporaria o transitoria, lo constataron bien pronto los hechos por el carácter
mismo que revistió la ocupación, por los actos significativos que se sancionaron y por la actitud de resistencia activa asumida
por los orientales, cerca de cinco años después de vencido Artigas; actitud que el gobierno argentino se vio en el caso de
segundar vencido a su vez en el terreno de los hechos y de las ideas, borrando con el codo de la fuerza bruta lo que había

hecho la mano de sus nerviosos diplomáticos. -El señor de Pueyrredón y el doctor Tagle -estadistas de circunstancias-
creyeron acaso de buena fe, mirando los hombres y las cosas con el catalejo de su época, no con el lente de que en estos

tiempos nos servimos hasta para observar nebulosas, -que la personalidad de Artigas resumía todo lo que ellos consideraban
el mal de la época; y que, abatida esta personalidad, la parte dañada del organismo entraría en cicatrización: lo que equivalía a
decir que el caudillo se asemejaba en cierto modo a un tumor en el cerebro, que una vez extirpado devolvería con el equilibrio
exigible la marcha normal a sus funciones.
De este error serio, que se padeció entonces, provinieron males mayores. Don José Gervasio Artigas -a quien asignóse de
esa manera un poder personal dañino absoluto, al punto de considerársele como fuente generadora de desobediencias y
rebeldías indomables, o como fuerza extraordinaria de acción y reacción de donde emanaban y a donde refluían todos los
extravíos y rabias locales de las multitudes armadas-, no fue producto exclusivo de un molde que debía servir por el contrario
de forma a múltiples entidades más o menos influyentes, como que ya estaba preparado y dispuesto en la fragua del cíclope
ciego -o por lo menos de un solo ojo- que se llamó coloniaje. Aquellos gobernantes parecieron no tener en cuenta que en la
incubación de nacionalidades o en la formación embrionaria de soberanías nuevas, no es el caudillo sea cual fuere su prestigio
el que crea los instintos, las propensiones, la idiosincrasia y la índole genial del pueblo en cuyo medio se agita y se impone,
sino que es la sociabilidad la que lo educa, lo adoba, lo eleva y lo hace carne viva de sus ideales invencibles y aun de sus
brutalidades heroicas, con ayuda del clima y de las costumbres austeras; pues como lo comprueba la historia, atentamente
analizada, las pasiones de la masa se condensan siempre en individualidades típicas, que son como sus válvulas de escape, o
sus centros de atracción en cuyo redor giran todas las fuerzas activas para modelarse y darse una significación y un poder
propios en el tiempo y en el espacio. Por eso, las personalidades típicas surgen ya dominantes y se hacen prepotentes; y por
eso aun cuando no hubiese surgido Artigas, la fuerza espontánea que lo abortó habría engendrado otros de su talla por la
sencilla razón de que él no era una causa sino un efecto.

Nativa - Eduardo Acevedo Díaz | Bajar o Leer en Linea


El paraiso de las mujeres Novela Vicente Blasco Ibanez | Bajar o Leer


Titulo:
El paraiso de las mujeres


Categoria: Novela

Autor: Vicente Blasco Ibanez



El paraiso de las mujeres Novela Vicente Blasco Ibanez

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AL LECTOR

Considero necesario dar una explicación sobre el origen de este libro.
Una casa editorial cinematográfica de los Estados Unidos me pidió hace
un año una novela para convertirla en _film_, recomendándome que fuese
muy «interesante» y se despegase por completo de los convencionalismos y
rutinas que hasta ahora vienen observándose en las historias presentadas
por medio del cinematógrafo.
Yo admiro el arte cinematográfico--llamado con razón el «séptimo
arte»--, por ser un producto legítimo y noble de nuestra época. Como
todo progreso, ha encontrado numerosos enemigos, que fingen
despreciarlo; especialmente entre los escritores faltos de las
condiciones necesarias para servir á este arte, aunque lo deseasen. La
llamada República de las Letras es un estado conservador y misógeno, que
se subleva instintivamente ante toda novedad y la repele con sarcasmos
que cree aristocráticos.
Cuando se inventó la imprenta, una gran parte de los literatos de
entonces también la consideraron como algo populachero y ordinario, que
nunca podría gustar á los espíritus escogidos. Fué preciso el transcurso
de algunas decenas de años para que todos se convenciesen de que el
libro impreso, aunque menos hermoso que el códice escrito á mano y con
letras capitulares artísticamente iluminadas, servía mejor á la difusión
de las ideas y al mejoramiento intelectual de la humanidad.
Dentro de un siglo las gentes se asombrarán tal vez al enterarse de que
hubo escritores que presenciaron el nacimiento de la cinematografía y no
hicieron caso de ella, apreciándola como una diversión pueril y frívola,
buena únicamente para el vulgo ignorante.
Conozco todas las objeciones contra el cinematógrafo y su creciente
difusión. Son las mismas que todavía á estas horas formulan algunas
devotas, en el fondo de las provincias, contra la novela y contra el
teatro, creyéndolos la perdición de la humanidad y la causa de todas las
inmoralidades existentes.
Si la cinematografía no hubiese de dar en el curso de su desarrollo
otras cosas que el sainete grotesco é inverosímil que hace reir con
payasadas de _clown_, ó las historias de ladrones y detectives, yo
abominaría de ella, como lo hacen muchos. Pero el nuevo arte está
todavía en los primeros vagidos de su infancia; no tiene más allá de
veinticinco años de existencia--que equivalen á veinticinco minutos en
la historia de un invento útil--, y nadie sabe hasta dónde pueden llegar
el desarrollo de su juventud y el esplendor de su madurez.

También la novela dió en distintos períodos de su vida una floración de
libros que tuvieron por héroes á bandidos «simpáticos» ó tenebrosos y á
policías «providenciales», y á nadie se le ocurre decretar por ello la
supresión de dicho género literario. Al lado de la novela psicológica y
de observación directa existirá siempre la novela de folletín. Y lo
mismo puede decirse del teatro. Juntos con el drama y la comedia,
atraerán siempre á una gran parte del público el melodrama espeluznante
ó la farsa grotesca.
La cinematografía no iba á librarse de esta división impuesta por los
dos gustos diversos y antitéticos que se reparten la gran masa del
público. Como ocurre en la infancia de todo arte, el primer producto del
cinematógrafo ha sido el melodrama terrorífico y la farsa que hace reir
hasta desquijararse, géneros que con más rapidez atraen á las
multitudes. Pero ahora, después de dos docenas de años de existencia,
los que nos preocupamos del desarrollo cinematográfico vamos viendo cómo
se afina el gusto del público en las naciones más instruidas y cómo al
lado de las historias para reir y las tragedias detectivescas surgen las
primeras manifestaciones de la verdadera novela cinematográfica, con
caracteres extraídos de la realidad, observaciones psicológicas y una
fábula que mantiene despierto al mismo tiempo el interés del espectador.
Yo creo próximo el nacimiento de muchas novelas cinematográficas que
serán al mismo tiempo grandes obras literarias. Pero estas novelas
resultan de más difícil producción que una novela en forma de libro, ya
que en ellas no es posible lo que en la jerigonza literaria llamamos el
«relleno».

El paraiso de las mujeres Novela Vicente Blasco Ibanez | Bajar o Leer




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Romance de lobos, comedia barbara Ramon del Valle-Inclan

Título:  Romance de lobos, comedia barbara

Autor:    Ramon del Valle-Inclan 

Categoria:    Literatura

Idioma:    Espanhol



Romance de lobos, comedia barbara Ramon del Valle-Inclan


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La historia se sitúa en la Galicia rural de finales del S. XIX y el protagonista es D. Juan Manuel, el Mayorazgo de una comarca gallega. Cuenta Valle-Inclán que viajando borracho una noche D. Juan Manuel se encuentra con la Santa Compaña, lo cual le induce a pensar que pronto se unirá a ellos. Pero al contrario de lo que piensa, la Santa Compaña no le anuncia su muerte sino la de su esposa, de la cual estaba separado ya hacía bastantes años. Al conocer la muerte de su esposa, D. Juan Manuel va a la casa de su esposa, casi buscando la muerte, pero ésta sólo le ronda, le esquiva.

ROMANCE DE LOBOS

ROMANCE DE LOBOS COMEDIA BARBARA LA ESCRIBIO DON RAMON DEL VALLE
INCLAN
OPERA OMNIA VOL XV

OPERA OMNIA ROMANCE DE LOBOS COMEDIA BARBARA DIVIDIDA EN TRES
JORNADAS
VOL XV

[Ilustración:]

DRAMATIS PERSONAE

EL CABALLERO DON JUAN MANUEL MONTENEGRO
SUS HIJOS DON PEDRITO, DON ROSENDO, DON MAURO, DON GONZALITO Y DON
FARRUQUIÑO
SUS CRIADOS DON GALÁN, LA ROJA, EL ZAGAL DE LAS VACAS, ANDREIÑA, LA
REBOLA Y LA RECOGIDA
DON MANUELITO SU CAPELLÁN
ABELARDO PATRÓN DE LA BARCA, LOS MARINEROS Y EL RAPAZ
DOÑA MONCHA Y BENITA LA COSTURERA, FAMILIARES DE LA CASA
LA HUESTE DE MENDIGOS DONDE VAN EL POBRE DE SAN LAZARO, DOMINGA DE
GOMEZ, EL MANCO LEONES, EL MANCO DE GONDAR, PAULA LA REINA QUE DA EL
PECHO A UN NIÑO, ANDREIÑA LA SORDA Y EL MORCEGO CON SU COIMA
ARTEMISA LA DEL CASAL, BASTARDA DEL CABALLERO, CON UN HIJO PEQUEÑO A
QUIEN LLAMAN FLORIANO
EL CIEGO DE GONDAR CON SU LAZARILLO
FUSO NEGRO, LOCO
UNA TROPA DE SIETE CHALANES: SON MANUEL TOVIO, MANUEL FONSECA, PEDRO
ABUIN, SEBASTIAN DE XOGAS Y RAMIRO DE BEALO CON SUS DOS HIJOS
DOÑA ISABELITA, QUE fué BARRAGANA DEL CABALLERO
UNA VIUDA CON SUS CUATRO HUERFANOS
LA SANTA COMPAÑA DE LAS ANIMAS EN PENA

JORNADA PRIMERA

ROMANCE DE LOBOS
JORNADA PRIMERA

Romance de lobos, comedia barbara Ramon del Valle-Inclan


Fábula de Polifemo y Galatea, de Luis de Góngora y Argote | Libros Online


Título: 
 
  Fábula de Polifemo y Galatea

Autor:    Luis de Góngora y Argote  

Categoria:    Literatura

Idioma:    Espanhol



Fábula de Polifemo y Galatea Luis de Góngora y Argote


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La Fábula de Polifemo y Galatea es un poema de contenido mitológico del poeta y dramaturgo español del barroco, Luis de Góngora y Argote. Publicado en 1612, recrea la historia de Polifemo, hijo de Poseidón, narrada en Las metamorfosis (XIII, 740-8971​) de Ovidio. Wikipedia

Fábula de Polifemo y Galatea
Luis de Góngora y Argote

(Al Conde de Niebla)

Estas que me dictó, rimas sonoras,
Culta sí aunque bucólica Talía,
Oh excelso Conde, en las purpúreas horas
Que es rosas la alba y rosicler el día,
Ahora que de luz tu niebla doras,
Escucha, al son de la zampoña mía,
Si ya los muros no te ven de Huelva
Peinar el viento, fatigar la selva.
Templado pula en la maestra mano
El generoso pájaro su pluma,
O tan mudo en la alcándara, que en vano
Aun desmentir el cascabel presuma;
Tascando haga el freno de oro cano
Del caballo andaluz la ociosa espuma;
Gima el lebrel en el cordón de seda,
Y al cuerno al fin la cítara suceda.
Treguas al ejercicio sean robusto,
Ocio atento, silencio dulce, en cuanto
Debajo escuchas de dosel augusto
Del músico jayán el fiero canto.
Alterna con las Musas hoy el gusto,
Que si la mía puede ofrecer tanto
Clarín -y de la Fama no segundo-,
Tu nombre oirán los términos del mundo.

Fábula de Polifemo y Galatea Luis de Góngora y Argote



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