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Clásicos de Literatura Infantiles | Bajar Gratis

Lista de libros gratuitos, de dominio público, para bajar, descargar y leer. Libros de literatura infantil. Libros de La literatura para niños, cuentos para dormir. El material está en formato .pdf y necesita tener un lector apropiado instalado.

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>> 20 Clásicos Infantiles para Bajar

1. Las aventuras de Pinocho Carlo Collodi
2. Caperucita Roja Charles Perrault
3. El Patito Feo Hans Christian Andersen
4. Barba Azul Charles Perrault
5. Fábulas Felix Samaniego
6. El Gato con Botas Charles Perrault
7. Blancanieves Hermanos Grimm
8. Através del Espejo y lo que Alicia Encontró al Otro Lado Lewis Carroll 
9. Alicia en el Pais de las Maravillas Lewis Carroll
10. Claus el Grande y Claus el Pequeño Hans Christian Andersen
11. Fantasmagoría Lewis Carroll
12. La Bella Durmiente del Bosque Charles Perrault
13. La Caza del Snark Lewis Carroll
14. La Cenicienta Charles Perrault
15. La Sombra Hans Christian Andersen
16. Las Habichuelas Magicas Hans Christian Andersen
17. Las Hadas Charles Perrault
18. Pulgarcito Charles Perrault
19. Fabulas Literarias Tomás de Iriarte
20.  Aventuras de Robinson Crusoe Daniel Defoe

Vea tambien: +100 Libros Clásicos Gratuitos para Descargar y Leer.





Literatura Infantil


El acto de leer es tan importante, que no solo proporciona información (instrucción) sino que también forma (educa)

Temas de gran importancia que ayudan a formar su pensamiento crítico y su capacidad reflexiva, aprendizaje, enseñanza.


La literatura clásica infantil


La literatura clásico infantil surgió durante el siglo XVII, una época en la que hubo cambios en la sociedad y grandes repercusiones en el ámbito artístico. Además, el surgimiento de la familia burguesa, en la que el niño ganó un papel de reproducción de la nueva clase social.

A partir del siglo XVII, aparecieron en Francia e Inglaterra los primeros cuentos infantiles escritos para niños. Centrado en las fábulas de La Fontaine, con su primera publicación en 1668, y The Tales of Mamma Gansa, publicado por Perrault en 1697. Ya en 1812, los hermanos Grimm editaron una serie de historias, adaptándolas a la comprensión de los niños.

En el siglo XVII, la única literatura dirigida a los niños eran libros que enseñaban valores, hábitos y ayudaban a enfrentar la realidad social.


La literatura para niños


La literatura infantil puede verse como una puerta de entrada al maravilloso universo de la lectura. Para comprender bien la importancia de esta literatura en la formación del ser humano, es esencial observar la variedad de textos que la componen: 

  • fábulas, 
  • cuentos de hadas, 
  • cuentos maravillosos, 
  • mitos, 
  • leyendas, 
  • adaptaciones de grandes clásicos de la literatura mundial, 
  • parlendas, 
  • trabalenguas, 
  • acertijos, 
  • textos narrativos y poéticos 

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La literatura para niños constituye un medio poderoso para la transmisión de la cultura, la integración de las  áreas del saber, historias encantadas, animales, disfraces, leones, gallina.

Hoy en día se cuenta con un amplio repertorio de obras de creación en todas las Literaturas Infantiles y Juveniles que contribuyen con la formación literaria y pedagogia, aprendizaje, educacion, enseñanza. 

El contacto inicial de los niños con la literatura tiene que resultar interesante, divertido y agradable; para ello, el educador debe crear un espacio en el aula para la literatura y fomentar la imaginación y el descubrimiento por el placer que aportan los libros.




Clásicos Literatura Infantil

Lector auténtico es alguien que lee por voluntad propia, porque sabe que leyendo puede encontrar respuestasma sus necesidades de información, de  capacitación, de formación, y también por el puro gusto, por el puro placer de leer.

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Libros de Recetas y Platos Tipicos de la Latina América

Platos Tipicos de la Latina América. Comidas Tipicas Regionales e Nacionales acerca la culinaria de los países hispánicos y forma de preparación de los alimentos e ingredientes más comúnmente usados en los países de América Latina
moqueca
by Pixabay Moqueca

Recetas: Libros y Platos Tipicos de la Latina América

Está la recolección de las recetas de los platos típicos que incluye la forma de preparación de los alimentos e ingredientes más común.

En esta ocasión voy a presentarles recetas típicas de la región, además de las comidas que solían hacerse hace muchos años

Cardápio que se hacen en cocina. La comida era tanta y tan variada que los españoles que la vieron no salían de su. asomb ro.


>> 10+ Libros de Recetas Tipicas de la Latina America <<



Recetas de Platos Tipicos
  1. El Ajiaco Santafereño - Plato muy especial Colombiano
  2. Cuy Chachapoyano - Platos Tipicos Amazonas
  3. Potaje Tradicional  - Plato Tipico San Juan
  4. Frutos del Mar - Plato Tipico de Ilo
  5. Pescado guisado Recetario Étnico Amazonas
  6. Chupe de Camarones - Plato Tipico Arequipa
  7. Sudado de Machas - Plato Tipico de Ilo
  8. Aguadito de mariscos - Plato Tipico de Ilo
  9. Arroz con Cebolla  - - Sant Joan d’Alacant
  10. Ceviche - Plato Tipico de Ilo
  11. Pulpo al Olivo - Platos Tipicos de Ilo
  12. Caguana de piña Recetario Étnico Amazonas
  13. Pescado Ahumado o Moqueado Recetario Étnico Amazonas
  14. Caldo de Preza Naemachiarü Duguru Recetario Étnico Amazonas

El Sueño del Príncipe Fedor Dostoievski

 Título:    El Sueño del Príncipe

Autor:    Fedor Dostoievski   

Categoria:    Literatura

Idioma:    Español

El Sueño del Príncipe Fedor Dostoievski





Fedor Dostoiewski
EL SUEÑO DEL PRÍNCIPE
(De los anales de Mordasov)
I
Marya Aleksandrovna Moskalyova es, por supuesto, la primera dama de Mordasov. De
esto no cabe la menor duda. Se comporta como si no necesitara de nadie y, por el
contrario, como si todos necesitaran de ella. Verdad es que nadie le tiene afecto, mejor
aún, que muchos la detestan cordialmente; ello no quita que todos la teman, que es lo que
ella quiere. Esto es ya señal de alta política. ¿Por qué, por ejemplo, Marya
Aleksandrovna, que es aficionadísima a las habladurías y no pega ojo en toda la noche si
la víspera no se ha enterado de algún chisme, por qué sabe conducirse, no obstante, de
modo que quien la mire no sospechará que esta grave señora es la chismosa más grande
del mundo o por lo menos de Mordasov? Se pensaría más bien que el chismorreo debiera
desaparecer en su presencia, que los murmuradores debieran ruborizarse y temblar como
escolares ante el señor maestro, y que la conversación debiera versar sólo sobre los temas
más elevados. Por ejemplo, ella sabe de algunos vecinos de Mordasov cosas tan
sorprendentes y escandalosas que si las contara en ocasión oportuna y las demostrara
como ella sabe demostrarlas provocaría en Mordasov un terremoto como el de Lisboa.
Sin embargo, es muy discreta en cuanto a esos secretos y los revela sólo en situaciones
extremas y sólo a sus amigos mas íntimos. Ella se limita a dar sustos, insinúa que sabe
algo y prefiere mantener a ese caballero o aquella dama en estado de terror constante a
darles el golpe de gracia. ¡Esto es talento, esto es táctica! Marya Aleksandrovna siempre
se ha destacado entre nosotros por su irreprochable comme il faut que todos toman por
modelo. En lo tocante a comme il faut no tiene rival en Mordasov. 

El Sueño del Príncipe	Fedor Dostoievski


Las Aventuras de Huckleberry Finn Mark Twain

 Título:    Las Aventuras de Huckleberry Finn

Autor:    Mark Twain   Listar as obras deste autor

Categoria:    Literatura

Idioma:    Español

Las Aventuras de Huckleberry Finn Mark Twain





Mark Twain
Las aventuras de Huckleberry Finn
Capítulo I
No sabréis quién soy yo si no habéis leído un libro titulado Las aventuras de Tom Sawyer, pero no importa. Ese libro lo escribió el señor Mark Twain y contó la verdad, casi siempre. Algunas cosas las exageró, pero casi siempre dijo la verdad. Eso no es nada. Nunca he visto a nadie que no mintiese alguna vez, menos la tía Polly, o la viuda, o quizá Mary. De la tía Polly ––es la tía Polly de Tom–– y de Mary y de la viuda
Douglas se cuenta todo en ese libro, que es verdad en casi todo, con algunas exageraciones, como he dicho antes.
Bueno, el libro termina así: Tom y yo encontramos el dinero que los ladrones habían escondido en la
cueva y nos hicimos ricos. Nos tocaron seis mil dólares a cada uno: todo en oro. La verdad es que impresionaba ver todo aquel dinero amontonado. Bueno, el juez Thatcher se encargó de él y lo colocó a interés y nos daba un dólar al día, y todo el año: tanto que no sabría uno en qué gastárselo. La viuda Douglas me
adoptó como hijo y dijo que me iba a cevilizar, pero resultaba difícil vivir en la casa todo el tiempo, porque la viuda era horriblemente normal y respetable en todo lo que hacía, así que cuando yo ya no lo pude aguantar más, volví a ponerme la ropa vieja y me llevé mi pellejo de azúcar y me sentí libre y contento.
Pero Tom Sawyer me fue a buscar y dijo que iba a organizar una banda de ladrones y que yo podía ingresar si volvía con la viuda y era respetable. Así que volví.
La viuda se puso a llorar al verme y me dijo que era 

Las Aventuras de Huckleberry Finn	Mark Twain


Licenciado Vidriera Miguel de Cervantes

 Título:    Licenciado Vidriera

Autor:    Miguel de Cervantes   Listar as obras deste autor

Categoria:    Literatura

Idioma:    Español

Licenciado Vidriera Miguel de Cervantes




Miguel de Cervantes Saavedra
NOVELA
LICENCIADO VIDRIERA
Paseándose dos caballeros estudiantes por las riberas de Tormes, hallaron en ellas, debajo de
un árbol durmiendo, a un muchacho de hasta edad de once años, vestido como labrador.
Mandaron a un criado que le despertase; despertó y preguntáronle de adónde era y qué hacía
durmiendo en aquella soledad. A lo cual el muchacho respondió que el nombre de su tierra
se le había olvidado, y que iba a la ciudad de Salamanca a buscar un amo a quien servir, por
sólo que le diese estudio. Preguntáronle si sabía leer; respondió que sí, y escribir también.
-Desa manera -dijo uno de los caballeros-, no es por falta de memoria habérsete olvidado el
nombre de tu patria.
-Sea por lo que fuere -respondió el muchacho-; que ni el della ni del de mis padres sabrá
ninguno hasta que yo pueda honrarlos a ellos y a ella.
-Pues, ¿de qué suerte los piensas honrar? -preguntó el otro caballero.
-Con mis estudios -respondió el muchacho-, siendo famoso por ellos; porque yo he oído
decir que de los hombres se hacen los obispos.

Licenciado Vidriera	Miguel de Cervantes


El Paje del Duque de Saboya Alexandre Dumas

 Título:    El Paje del Duque de Saboya

Autor:    Alexandre Dumas   

Categoria:    Literatura

Idioma:    Español

El Paje del Duque de Saboya Alexandre Dumas





Alejandro Dumas
EL PAJE DEL DUQUE DE SABOYA
ÍNDICE
Capítulo
I. El campamento de Carlos V y sus alrededores
II. Los aventureros
III. Donde el lector conoce más a fondo a nuestros héroes
IV. Contrato de sociedad
V. El conde de Waldeck
VI. El justiciero
VII. Historia y novela
VIII. El escudero y el paje
IX. León-Leona
X. Los tres mensajes
XI. Odoardo Maraviglia
XII. Ejecución de Francisco Maraviglia
XIII. Felipe el prudente
XIV. Donde cumple Carlos V lo que prometió a su hijo Felipe
XV. Coligny
XVI. Después de la abdicación
XVII. La corte de Francia
XVIII. La cacería real
XIX. Condestable y cardenal
XX. La guerra
XXI. Donde el lector vese entre amigos
XXII. San Quintín
XXIII. El almirante cumple su palabra
XXIV. La tienda de los aventureros
XXV. Batalla
XXVI. El teniente Theligny
XXVII. El despertar del señor Condestable
XXVIII. El escalamiento
XXIX. Doble ventaja de conocer el dialecto picardo
XXX. Batalla de San Quintín
XXXI. Cómo recibió el almirante noticias de la batalla
XXXII. El asalto
XXXIII. El fugitivo
XXXIV. Dos fugitivos
XXXV. Aventurero y capitán
XXXVI. Espera
XXXVII. Los parisienses
XXXVIII. El campamento español
XXXIX. Donde Ivonnet obtiene cuantas noticias desea
XL. Dios protege a Francia
XLI. 1558-1559
XLII. El mensajero de SS MM. los Reyes de Francia y España
XLIII. La cámara de la Reina
XLIV. La habitación de la favorita
XLV. Donde, considerando el vencido como vencedor, considérase al vencedor como a vencido
XLVI. El buhonero
XLVII. Regalos de boda
XLVIII. Disposiciones de un torneo
XLIX. Nuevas de Escocia
L. El torneo de la calle de San Antonio
LI. El cartel
LII Desafío a muerte
LIII. El pronóstico
LIV. El lecho de muerte
LV. Política italiana
LVI. Un rey de Francia es esclavo de su palabra
LVII. El tratado se cumple
LVIII. El 17 de noviembre
LIX. Los muertos todo lo saben
LX. El camino de San Remo a Albenga
Epílogo

El Paje del Duque de Saboya	Alexandre Dumas


La Mujer, el Matrimonio y la Familia Mikhail Bakunin

 

Título:    La Mujer, el Matrimonio y la Familia

Autor:    Mikhail Bakunin   

Categoria:    Ciência Política

Idioma:    Español

La Mujer, el Matrimonio y la Familia Mikhail Bakunin





La Mujer, el matrimonio
y la familia
Mijail Bakunin 
La Mujer, el Matrimonio y la Familia

Derechos iguales para la mujer. Soy partidario, como el que más, de la
completa emancipación de la mujer y de su igualdad social con el hombre.
La expresión "igualdad social con el hombre" implica que, junto con la libertad,
pedimos iguales derechos y debe-res para el hombre y la mujer; es decir, la nivelación
de los derechos de la mujer, tanto políticos como sociales y económicos, con los del
hombre ; en consecuencia, deseamos la abolición de la ley familiar y matrimonial, y de
la ley eclesiástica tanto como civil, indisolublemente ligadas al derecho de herencia.
Abolición de la familia jurídica. Al aceptar el programa revolucionario
anarquista - único que ofrece, a nuestro entender, condiciones para una emancipación
real y completa del pueblo común - y convencidos de que la existencia del Estado en
cualquiera de sus formas es incompatible con la libertad del proletariado e impide la
unión internacional fraterna de las naciones, expresamos la exigencia de abolición de
todos los Estados.
La abolición de los Estados y del derecho jurídico implicará necesariamente la
abolición de la propiedad personal hereditaria y de la familia jurídica basada sobre esta
propiedad, porque ninguna de estas instituciones es compatible con la justicia humana.
Libre unión matrimonial. [Contra el matrimonio por compulsión hemos
levantado la bandera de la unión libre.] Estamos convencidos de que al abolir el
matrimonio religioso, civil y jurídico, restauramos la vida, la realidad y la moralidad del
matrimonio natural basado exclusivamente sobre el respeto humano y la libertad de
dos personas: un hombre y una mujer que se aman. Estamos convencidos de que al
reconocer la libertad de ambos cónyuges a separarse cuando lo deseen, sin necesidad
de pedir el permiso de nadie para ello - y al negar de la misma forma la necesidad de
cualquier permiso para unirse en matrimonio, y rechazar en general la interferencia de
cualquier autoridad en esta unión - los unimos más el uno al otro. Y estamos
convencidos también, de que cuando ya no exista entre nosotros el poder coercitivo
del Estado para forzar a los individuos, asociaciones, comunas, provincias y regiones a
convivir en contra de su voluntad, habrá entre todos una unión mucho más estrecha,
una unidad más viva, real y poderosa que la impuesta por el aplastante poder esta-tal.
La educación de los niños. Con la abolición del matrimonio se plantea la
cuestión de la educación de los niños. Su crianza, desde el embarazo de la madre
hasta su madurez, y su formación y educación, igual para todos -una formación
industrial e intelectual donde se combinen la capacita-ción para el trabajo manual y
mental- deben corresponder fundamentalmente a la sociedad libre.
La sociedad y los niños. Los niños no son propiedad de nadie: ni de sus
padres ni de la sociedad. Sólo pertenecen a su propia libertad futura. Pero en los niños
esta libertad no es todavía real; es sólo una libertad en potencia. Porque una libertad
real -es decir, la conciencia plena y su realización en cada individuo, basada
fundamentalmente en el sentimiento de la propia dignidad y en un auténtico respeto
por la libertad y la dignidad de los otros, o sea basada en la justicia - sólo puede
desarrollarse en los niños mediante un desarrollo racional de su inteligencia, carácter y
voluntad.
De aquí se deduce que la sociedad, cuyo futuro depende por completo de la
adecuada educación e instrucción de los niños y que, por tanto, no sólo tiene el
derecho sino también la obligación de velar por ellos, es el único guardián de los niños
de ambos sexos. Y como la futura abolición del derecho a la herencia convertirá a la
sociedad en el único heredero, ésta tendrá que considerar como una de sus primeras
obligaciones el suministro de todos los medios necesarios para el mantenimiento, la
formación y la educación de los niños de ambos sexos, con independencia de su origen
o de sus padres. 
Los derechos de los padres se limitarán a amar a sus hijos y ejercer sobre ellos
la única autoridad compatible con ese amor, en la medida en que esta autoridad no
atente contra su moralidad, su desarrollo mental o su libertad futura. El matrimonio
como acto civil y político, al igual que cualquier otra intervención de la sociedad en
cuestiones amorosas, está llamado a desaparecer. Los niños serán confiados - por
naturaleza, y no por derecho - a sus madres, quedando la prerrogativa de éstas bajo la
supervisión racional de la sociedad. 

La Mujer, el Matrimonio y la Familia	Mikhail Bakunin


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Dona Rosita la Soltera o El Lenguaje de las Flores Federico Garcia Lorca

 Título:    Dona Rosita la Soltera o El Lenguaje de las Flores

Autor:    Federico Garcia Lorca   Listar as obras deste autor

Categoria:    Literatura

Idioma:    Español

Dona Rosita la Soltera o El Lenguaje de las Flores Federico Garcia Lorca




Federico García Lorca
Doña Rosita la soltera
o
El lenguaje de las flores
Poema granadino del novecientos,
dividido en varios jardines,
con escenas de canto y baile
Personajes
DOÑA ROSITA
EL AMA
LA TÍA
MANOLA PRIMERA
MANOLA SEGUNDA
MANOLA TERCERA
SOLTERA PRIMERA
SOLTERA SEGUNDA
SOLTERA TERCERA
MADRE DE LAS SOLTERAS
AYOLA PRIMERA
AYOLA SEGUNDA
EL TÍO
EL SOBRINO
EL CATEDRÁTICO DE ECONOMÍA
DON MARTÍN
EL MUCHACHO
DOS OBREROS
UNA VOZ

Dona Rosita la Soltera o El Lenguaje de las Flores	Federico Garcia Lorca


El Corazón Delator Edgar Allan Poe

Título:    El Corazón Delator

Autor:    Edgar Allan Poe   

Categoria:    Literatura

Idioma:    Espanhol

El Corazón Delator Edgar Allan Poe





Edgar Allan Poe El 
Corazón Delatador ¡

Es verdad! Soy nervioso, terriblemente nervioso. Siempre lo he sido y lo soy. pero, ¿podría decirse que estoy loco? La enfermedad había agudizado mis sentidos, no los había destruido ni apagado. Sobre todo, tenía el sentido del oído agudo. Oía todo sobre el cielo y la tierra. Oía muchas cosas del infierno. Entonces, ¿cómo voy a estar loco? Escuchen y observen con qué tranquilidad, con qué cordura puedo contarles toda la historia. Me resulta imposible decir cómo surgió en mi cabeza esa idea por primera vez; pero, una vez concebida, me persiguió día y noche. No perseguía ningún fin. No había pasión. Yo quería mucho al viejo. Nunca me había hecho nada malo. nunca me había insultado. no deseaba su oro. Creo que fue su ojo. ¡Sí, eso fue! Tenía un ojo semejante al de un buitre. Era un ojo de un color azul pálido, con una fina película delante. Cada vez que posaba ese ojo en mí, se me enfriaba la sangre; y así, muy gradualmente, fui decidiendo quitarle la vida al viejo y quitarme así de encima ese ojo para siempre. Pues bien, así fue. Usted creerá que estoy loco. Los locos no saben nada. Pero debería haberme visto. Debería usted haber visto con qué sabiduría procedí, con qué cuidado, con qué previsión, con qué disimulo me puse a trabajar. Nunca había sido tan amable con el viejo como la semana antes de matarlo. Y cada noche, cerca de medianoche, yo hacía girar el picaporte de su puerta y la abría, con mucho cuidado. Y después, cuando la había abierto lo suficiente para pasar la cabeza, levantaba una linterna cerrada, completamente cerrada, de modo que no se viera ninguna luz, y tras ella pasaba la cabeza. ¡Cómo se habría reído usted si hubiera visto con qué astucia pasaba la cabeza! La movía muy despacio, muy lentamente, para no molestar el sueño del viejo. Me llevaba una hora meter toda la cabeza por esa abertura hasta donde podía verlo dormir sobre su cama. ¡Ja! ¿Podría un loco actuar con tanta prudencia? Y luego, cuando mi cabeza estaba bien dentro de la habitación, abría la linterna con cautela, con mucho cuidado (porque las bisagras hacían ruido), hasta que un solo rayo de luz cayera sobre el ojo de buitre. Hice todo esto durante siete largas noches, cada noche cerca de las doce, pero siempre encontraba el ojo cerrado y era imposible hacer el trabajo, ya que no era el viejo quien me irritaba, sino su ojo. Y cada mañana, cuando amanecía, iba son miedo a su habitación y le hablaba resueltamente, llamándole por su nombre con voz cordial y preguntándole cómo había pasado la noche. Por tanto verá usted que tendría que haber sido un viejo muy astuto para sospechar que cada noche, a las doce, yo iba a mirarlo mientras dormía. La octava noche, fui más cuidadoso cuando abrí la puerta. El minutero de un reloj de pulsera se mueve más rápido de lo que se movía mi mano. Nunca antes había sentido el alcance de mi fuerza, de mi sagacidad. Casi no podía contener mis sentimientos de triunfo, al pensar que estaba abriendo la puerta poco a poco, y él ni soñaba con el secreto de mis acciones e ideas. Me reí entre dientes ante esa idea. Y tal vez me oyó porque se movió en la cama, de repente, como sobresaltado. pensará usted que retrocedí, pero no fue así. Su habitación estaba tan negra como la noche más cerrada, ya que él cerraba las persianas por miedo a que entraran ladrones; entonces, sabía que no me vería abrir la puerta y seguí empujando suavemente, suavemente. Ya había introducido la cabeza y estaba para abrir la linterna, cuando mi pulgar resbaló con el cierre metálico y el viejo se incorporó en la cama, gritando: -¿Quién anda ahí? Me quedé quieto y no dije nada. Durante una hora entera, no moví ni un músculo y mientras tanto no oí que volviera a acostarse en la cama. Aún estaba sentado, escuchando, como había hecho yo mismo, noche tras noche, escuchando los relojes de la muerte en la pared. Oí de pronto un quejido y supe que era el quejido del terror mortal. no era un quejido de dolor o tristeza. ¡No!Era el sonido ahogado que brota del fondo del alma cuando el espanto la sobreco ge. Yo conocía perfectamente ese sonido. Muchas veces, justo a medianoche, cuando todo el mundo dormía, surgió de mi pecho, profundizando con su temible eco, los terrores que me enloquecían. Digo que lo conocía bien. Sabía lo que el viejo sentía y sentí lástima por él, aunque me reía en el fondo de mi corazón. Sabía que él había estado despierto desde el primer débil sonido, cuando se había vuelto en la cama. Sus miedos habían crecido desde entonces. Había estado intentando imaginar que aquel ruido era inof ensivo, pero no podía. Se había estado diciendo a sí mismo: "No es más que el viento en la chimenea, no es más que un ratón que camina sobre el suelo", o "No es más que un grillo que chirrió una sola vez". Sí, había tratado de convencerse de estas suposiciones, pero era en vano. Todo en vano, ya que la muerte, al acercársele se había deslizado furtiva y envolvía a su víctima. Y era la fúnebre influencia de aquella imperceptible sombra la que le movía a sentir, aunque no veía ni oía, a sentir la presencia dentro de la habitación. Cuando hube esperado mucho tiempo, muy pacientemente, sin oír que se acostara, decidí abrir un poco, muy poco, una ranura en la linterna. Entonces la abrí -no sabe usted con qué suavidad- hasta que, por fin, su solo rayo, como el hilo de una telaraña, brotó de la ranura y cayó de lleno sobre el ojo del buitre. Estaba abierto, bien abierto y me enfurecí mientras lo miraba, lo veía con total claridad, de un azul apagado, con aquella terrible película que me helaba el alma. Pedro no podía ver nada de la cara o del cuerpo, ya que había dirigido el rayo, como por instinto, exactamente al punto maldito. ¿No le he dicho que lo que usted cree locura es solo mayor agudeza de los sentidos? Luego llegó a mis oídos un suave, triste y rápido sonido como el que hace un reloj cuando está envuelto en algodón. Aquel sonido también me era familiar. Era el latido del corazón del viejo. Aumentó mi furia, como el redoblar de un tambor estimula al soldado en batalla. Sin embargo, incluso en ese momento me contuve y seguí callado. Apenas respiraba. Mantuve la linterna inmóvil. Intenté mantener con toda firmeza la luz sobre el ojo. Mientras tanto, el infernal latido del corazón iba en aumento. Crecía cada vez más rápido y más fuerte a cada instante. El terror del viejo debe haber sido espantoso. Era cada vez más fuerte, más fuerte... ¿Me entiende? Le he dicho que soy nervioso y así es. Pues bien, en la hora muerta de la noche, entre el atroz silencio de la antigua casa, un ruido tan extraño me excitaba con un terror incontrolable. Sin embargo, por unos minutos más me contuve y me quedé quieto. Pero el latido era cada vez más fuerte, más fuerte. Creí que aquel corazón iba a explotar. Y se apoderó de mí una nueva ansiedad: ¡Los vecinos podrían escuchar el latido del corazón! ¡Al viejo le había llegado la hora! Con un fuerte grito, abrí la linterna y me precipité en la habitación. El viejo clamó una vez, sólo una vez. En un momento, lo tiré al suelo y arrojé la pesada cama sobre él. Después sonreí alegremente al ver que el hecho estaba consumado. Pero, durante muchos minutos, el corazón siguió latiendo con un sonido ahogado. Sin embargo, no me preocupaba, porque el latido no podría oírse a través de la pared. Finalmente, cesó. El viejo estaba muerto. Quité la cama y examiné el cuerpo. Sí, estaba duro, duro como una piedra. Pasé mi mano sobre el corazón y allí la dejé durante unos minutos. No había pulsaciones. Estaba muerto. Su ojo ya no me preocuparía más. Si aún me cree usted loco, no pensará lo mismo cuando describa las sabias precauciones que tomé para esconder el cadáver. La noche avanzaba y trabajé con rapidez, pero en silencio. En primer lugar descuarticé el cadáver. le corté la cabeza, los brazos y las piernas. Después levanté tres planchas del suelo de la habitación y deposité los restos en el hueco. Luego coloqué las tablas con tanta inteligencia y astucia que ningún ojo humano, ni siquiera el suyo, podría haber detectado nada extraño. No había nada que limpiar; no había manchas de ningún tipo, ni siquiera de sangre. Había sido demasiado precavido para eso. Todo estaba recogido. ¡Ja, ja! Cuando terminé con estas tareas, eran las cuatro... Todavía oscuro como medianoche. Al sonar la campanada de la hora, golpearon la puerta de la calle. Bajé a abrir muy tranquilo, ya que no había anda que temer. Entraron tres hombres que se presentaron, muy cordialmente, como oficiales de la policía. Un vecino había oído un grito durante la noche, por lo cual había sospechas de algún atentado. Se había hecho una denuncia en la policía, y ellos, los oficiales, habían sido enviados a registrar el lugar. Sonreí, ya que no había nada que temer. Di la bienvenida a los caballeros. Dije que el alarido había sido producido por mí durante un sueño. Dije que el viejo estaba fuera, en el campo. Llevé a los visitantes por toda la casa. Les dije que registraran bien. Por fin los llevé a su habitación, les enseñé sus tesoros, seguros e intactos. En el entusiasmo de mi confianza, llevé sillas al cuarto y les dije que descansaran allí mientras yo, con la salvaje audacia que me daba mi triunfo perfecto, colocaba mi silla sobre el mismo lugar donde reposaba el cadáver de la víctima. Los oficiales se mostraron satisfechos. Mi forma de proceder los había convencido. Yo me sentía especialmente cómodo. Se sentaron y hablaron de cosas comunes mientras yo les contestaba muy animado. Pero, de repente, empecé a sentir que me ponía pálido y deseé que se fueran. Me dolía la cabeza y me pareció oír un sonido; pero se quedaron sentados y siguieron conversando. El ruido se hizo más claro, cada vez más claro. Hablé más como para olvidarme de esa sensación; pero cada vez se hacía más claro... hasta que por fin me di cuenta de que el ruido no estaba en mis oídos. Sin duda, me había puesto muy pálido, pero hablé con más fluidez y en voz más alta. Sin embargo, el ruido aumentaba. ¿Qué hacer? Era un sonido bajo, sordo, rápido... como el sonido de un reloj de pulsera envuelto en algodón. traté de recuperar el aliento... pero los oficiales no lo oyeron. Hablé má s rápido, con más vehemencia, pero el ruido seguía aumentando. Me puse de pie y empecé a discutir sobre cosas insignificantes en voz muy alta y con violentos gestos; pero el sonido crecía continuamente. ¿Por qué no se iban? Caminé de un lado a otro con pasos fuerte, como furioso por las observaciones de aquellos hombres; pero el sonido seguía creciendo. ¡Oh, Dios! ¿Qué podía hacer yo? Me salía espuma de la rabia... maldije... juré. balanceando la silla sobre la cual me había sentado, raspé con ella las tablas del suelo, pero el ruido aumentaba su tono cada vez más. Crecía y crecía y era cada vez más fuerte. Y sin embargo los hombres seguían conversando tranquilamente y sonreían. ¿Era posible que no oyeran? ¡Dios Todopoderoso! ¡No, no! ¡Claro que oían! ¡Y sospechaban! ¡Lo sabían! ¡Se estaban burlando de mi horror! Esto es lo que pasaba y así lo pienso ahora. Todo era preferible a esta agonía. Cualquier cosa era más soportable que este espanto. ¡Ya no aguantaba más esas hipócritas sonrisas! Sentía que debía gritar o morir. Y entonces, otra vez, escuchen... ¡más fuerte..., mas fuerte..., más fuerte! -¡No finjan más, malvados! -grité - . ¡Confieso que lo maté! ¡Levanten esas tablas!... ¡Aquí..., aquí! ¡Donde está latiendo su horrible corazón!

El Corazón Delator	Edgar Allan Poe


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Juan 3 16 Porque Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todos los que creen en él no perezcan, sino que tengan vida eterna.

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